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Las Reacciones Emocionales de los Dominicanos y Veganos

Ultima Actualización: miércoles, 04 de agosto de 2021. Por: Rafael Hernandez

Estamos en un país donde todos somos desde nuestras raíces ancestrales, seres muy emotivos y sentimentales.

Así somos y no lo podemos negar, y lo demuestra el reciente funeral de Johnny Ventura al igual que otros anteriores, donde la cobertura de la prensa radial y televisiva y las redes sociales sumadas, dieron una idea abrumadora de sus méritos como músico y merenguero. Sus méritos son innegables como merenguero.

 

Ese mismo emocionalismo está moviendo opinión pública en torno a que hay que designar algún monumento, calle o institución pública con su nombre. Así en caliente se pueden cometer errores, dado que tanto el Congreso, como los Consejos Municipales del país, llevados por un populismo barato se atreven a cualquier cosa, sin saber cuánto afectan su credibilidad.

 

Una Vez movidos por ese mismo populismo en nuestro Congreso decretaron que El Carnaval era la mayor expresión cultural de La Vega. Se olvidaron de Federico García Godoy, Juan Bosch, Guido Despradel, Gabriel del Orbe, Darío Suro, Enrique G. Godoy, Emilio G. Godoy, Rubens Suro y todas esas ilustres figuras que pusieron en alto no solo la cultura sino que universalizaron el pensamiento dominicano como lo hizo Federico García Godoy. Ignoran estos supuestos representantes del pueblo que hay una ley que establece un plazo legal para hacer propuestas de esa índole y hacer las nominaciones correspondientes.

 

Ya tenemos un segundo precedente en La Vega, cuando falleció un poderoso industrial y semanas después habían denominado la avenida más larga y ancha de la ciudad con el nombre de ese señor violando todos los procedimientos legales e ignorando a nuestros próceres de la Patria que como Duarte tiene una mísera y estrecha callejuela con su nombre, como han olvidado a Luperón doblemente ligado a este pueblo (quizás porque era negro) y a las glorias que hicieron calificar a esta ciudad de Culta y Olímpica, a lo mejor solo atendiendo a la magia del dinero y del poder político.

 

Y lo grave, que a la hora de opinar todo el mundo aquí es un docto y expresa razones de peso según su amplia o estrecha óptica y visión del mundo, son sabelotodo. El colmo fue que ayer en esta querida Vega de nuestros amores se utilizaron estas redes para proponer que la Escuela de Bellas Artes Francisco Soñé fuese designada como “Johnny Ventura” ¡por Dios! Además de emociones tenemos que tener razonamiento. Y les aseguro que nadie de los que habló sabe quién fue don Pancho Soñé, ese “maestro padre” de los músicos veganos, segurito que todos desconocen su obra y su pensamiento, para cogerlo y tirarlo al zafacón por pura chercha emocional.

 

Lo que deben proponer es un Museo del Merengue, donde cada músico destacado dentro de la música popular tenga una sala con aportes de sus familiares para que coloquen ahí cuantos recuerdos, discos, trofeos y fotos, vídeos y demás recuerdos de cada uno, para que se convierta en centro de peregrinación para sus fans. Lo que no podemos es seguir confundiendo la gimnasia con la magnesia.

 

Una escuela de Bellas Artes es un centro superior de estudios artísticos: Música, Artes Visuales, Teatro, etc. y no cualquier música, teatro o visuales, sino que deben llevar los nombres de destacadas figuras de una de esas artes no solo en su nombre general sino cada uno de los salones aulas de las mismas. No hablo de élites, hablo de méritos ganados, reales, no emocionales ni de clanes racistas. Don Pancho Soñé tiene suficientes méritos para que la escuela de Bellas Artes de La Vega siga llevando su nombre.

 

Si por traición a su memoria y a su labor profesional y social, se eligiera otro nombre los únicos que competirían con él serían Darío Suro y Gabriel del Orbe, que bien podrían tener como nombre la sala o área de Artes Visuales Darío Suro, la de Música podría ser Gabriel del Orbe, y la de Teatro debe evaluarse a los actores veganos para escoger lo mejor, recordando siempre a los pioneros, de quienes ya nadie se acuerda, cuando actuaban Altagracita Portalatín, J. J. F. Gassó Gassó, Aris Azar, Fidelita Mota, Ramón Gómez, Violeta Espaillat, entre tantos que contribuyeron a modelar la cultura dramática de este pueblo.

 

Desde luego conociendo bien a los meritócratas de este pueblo, podremos despertar un día con un indignante hecho al renombrar a nuestra escuela, agravando el concepto que se tiene de que somos unos malgradecidos.