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ME CONFIESO EXTREMISTA

Ultima Actualización: jueves, 07 de enero de 2010. Por: Luis Henriquez Canela

Creí, vaya ilusión, que las últimas fundas de comida serían las que se repartieron durante el proceso electoral del año 1978 cuando los militares salían ondeando la bandera del reformismo colgadas en sus bayonetas.

Los extremos, todos, son malos. Inducen al ser humano a recostarse cómodamente sobre el cobertizo de una idea. De esa forma, el hombre evita las disidencias, huye de los planteamientos que tiendan a escindir, dividir o separar la hilaridad que conforma su atadura. Me confieso extremista cuando digo que nunca, nunca, nunca imaginé que en pleno siglo 21, iba a ver un político entregando una funda de comida a una persona.

 

Creí, vaya ilusión, que  las últimas fundas de comida serían las que se repartieron durante el proceso electoral del año 1978 cuando los militares salían ondeando la banderas del reformismo colgadas en sus bayonetas. Creí, soñador, que para estos tiempos los niveles de educación del pueblo y de institucionalidad del Estado Dominicano excluirían esta forma aberrante de decir yo soy tu salvador, yo soy tu líder, yo soy quien te da de comer, por eso me debes agradecimiento  y por eso debes votar por mí.

 

Si usted no se ha puesto a  pensar cuándo es que una sonrisa da pena, vea las sonrisas insubstanciales de los políticos cuando hacen entrega de una miserable funda a un miserable dominicano cuyo único pecado es haber nacido en un país donde la corrupción  se lleva bajo sus garras una gran parte de los ingresos estatales. Bien me decía Antolín; el 10% del presupuesto son 37 mil millones de pesos. ¿Quieres más?

 

Me confieso extremista si extremismo es pensar que este pueblo merece una mejor suerte. Políticos escrupulosos que piensen menos en ellos mismos y más en la mayoría. Que conviertan el populismo en una aberración, desalentándolo, condenándolo, castigándolo y que, por el contrario, fomenten la institucionalidad. Que si hay que ayudar, como de seguro siempre habrá que hacer, se haga a través de mecanismos institucionales en sustitución de barrilitos, fondos para despachos, ONG’S, etc.

 

¿Por qué se hace tan difícil encarrilar este país hacia el verdadero progreso?  Uno que sea digno, decente, esperanzador; el egocentrismo, la avaricia, la voracidad no lo permiten.

 

Me confieso extremista si extremismo es pensar que Bosch verdaderamente está muerto, que sus ideas desaparecieron, que están muertas, secas, frías, olvidadas; fueron sustituidas por palabrerías sin sentido.