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Las Plagas y las Epidemias

Ultima Actualización: viernes, 21 de agosto de 2020. Por: Rafael Hernandez

Por: Rafael Hernandez

Una plaga se desarrolla cuando se producen condiciones favorables en un ambiente determinado para garantizar su crecimiento y supervivencia. Y entonces surge la interrogante de plaga para quién o quienes, pues los organismos vivientes que las provocan siempre han existido y estaban ahí constreñidos a un hábitat específico, y esto solo ocurre hasta que haya un detonante que le permita crecer en proporciones o desproporciones alarmantes, porque encuentran el alimento, clima, y demás factores que permiten su crecimiento. Y muchas veces el crecimiento urbano que le reduce su hábitat se ve aparentemente “invadido” por esos especímenes, porque comienzan a sufrir mutaciones o adaptaciones de supervivencia.

 

En cuanto a los virus y bacterias que se desarrollan exponencialmente entre los humanos ha pasado lo mismo. Esto ha ocurrido desde la más remota antigüedad, desde que los seres humanos se agruparon en hordas.

 

Ahora los agrupamientos humanos son muy densos, pues la residencia rural agraria como se conocía antes ha ido desapareciendo casi totalmente. Y desde luego, también en los espacios urbanos se han creado plazas de concentración masiva, como parques, aviones, autobuses, trenes, ferrys, iglesias, clubes, escuelas, universidades, plantas fabriles, entre otras tantas que agrupan en interacción íntima a millones y millones de personas. Ahora no hay hordas sino conglomerados de millones y millones de personas, en segmentos continuos de las megapolis que se han desatado por los millones de sectores marginales que se suman en lo que en algunos países constituyen cinturones de ciudades donde se va de unas a otras sin solución de continuidad, como posiblemente ocurra en los próximos 25 años entre Santiago y La Vega por la autopista Duarte.

 

Pero ahora estamos peor que antes, porque los nuevos edificios han sido diseñados para instalarles aire acondicionado. Un solo estornudo en un salón, autobús, ferry, oficina, etc. y todo el mundo se contagia. Sea de lo que sea, pero se contagia en un mayor o menor grado. Es que las circunstancias nos obligan a estar muy cerca, y la cultura hace que nos empaquetemos y que tengamos muchos secretos que contarnos y hemos desarrollado una afectividad extrema, que por todas las razones o motivos, besamos, abrazamos, nos estrechamos las manos, y nos acoramos el uno sobre el otro; desde que nos damos las espaldas unos días ya estamos añorando de nuevo estar juntos y reencontrarnos es todo un acontecimiento.

 

La gripe o influenza, la tuberculosis, la boquera y la buba, entre otras, se contagian por la saliva, la gente bosteza, tose y estornuda y se pone la mano sobre la boca, y cuando se suena la nariz por igual, veo que al mayoría se pasa los dedos por la ropa y no va a lavarse las manos y así sin asearlas se las extiende al visitante para saludarlo. También las vasijas de uso colectivo son otro vector de contagio. Ya la mayoría de la gente perdió el hábito de usar pañuelos. Ahora utilizan unas toallitas para todo, la utilizan tanto para toser, sacudirse los mocos y limpiarse la nariz, así como para limpiarse el sudor. Ni con el covid-19 vemos que eso haya cambiado a pesar de la campaña que se ha hecho sobre el lavado de manos. Hay enfermedades que requieren de aislamiento del paciente, pero ellos se dan el lujo de mantener su rutina diaria y mantener los contactos habituales, de manera irresponsable.

 

Ahora, al principio, se dijo que debíamos utilizar guantes durante la pandemia de covid-19, especialmente cuando íbamos de compra o al banco, pues el dinero es la mercancía más manoseada, y por tanto un vector de contaminación y contagio. Pero luego dijeron que no, que no era necesario y veo como ahora, que es más necesario que nunca en el pico de la pandemia, hasta nos quieren ridiculizar cuando salimos con nuestros guantes puestos.

 

Muchos dicen que el pueblo dominicano es mal educado, indolente e incivilizado, ya que no pone caso a las recomendaciones oficiales y sigue su rutina como si nada pasara. Sin embargo, cuando visitamos el exterior no nos atrevemos a nada porque en dichos pueblos saben y nosotros nos damos cuenta, que es que hay leyes, que si usted falla sin importar quien sea, le aplican la ley sin contemplaciones, con cárcel y multas. ¿Por qué entonces aquí no se hace lo mismo? Por el populismo, tráfico de influencias, deuda de favores pendientes, entre otras razones. Los agentes policiales no se atreven a cumplir las leyes, porque si lo hacen con un pobre muchacho de los barrios todo está bien, pero cuando lo hacen con hijo de papi y mami, y más especialmente de un funcionario, el agente corre el riesgo de ser cancelado y hasta sometido a la justicia.

Entonces así no podemos continuar, la ley tiene que ser rasa para todos, y cuando así se haga, termina el reino de la anarquía. En Estados Unidos la hija del presidente Busch fue detenida borracha conduciendo un vehículo y amaneció en la cárcel y el papá ni siquiera se enteró o si se enteró sabía que no había nada qué hacer hasta que al siguiente día un juez le dictara sentencia. En España una princesa y su esposo fueron llevados y condenados en la justicia por fraude impositivo tras una Fundación usada como pantalla y vean que hasta el propio rey emérito está siendo perseguido judicialmente, encontrándose prácticamente prófugo, y aquí hay un díscolo expresidente anciano y desfasado que todavía dice que a los expresidentes no se les puede tocar.

Tampoco hubo llamada alguna al juez ni nadie se enteró quién fue el agente que la detuvo, ni en el caso de la hija del presidente, ni de la princesa. Ahí, a ese punto es que tenemos que llegar. Todos somos iguales ante la ley. El día que lleguemos a ese punto, entonces seremos un país civilizado. Entonces las pandemias no se extenderán, porque no encontrarán el ambiente o hábitat adecuado.