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Utopia

Ultima Actualización: viernes, 24 de julio de 2020. Por: Jose Alberto Reyes Ortega

Por: Jose Alberto Reyes Ortega

Nació en el lugar indicado, del vientre equivocado, del último mes de aquel lejano año. Entre la niebla del rocío denso de la madrugada de un país tropical atrasado por la mentalidad de sus habitantes, paradisíaco por la naturaleza viva que lo conforma.


Dió lucha a la comadrona lograr sacar el grito de vida a la figurita enclenque que negaba inaugurar sus pulmoncitos, pues prefería quedarse bajo la protección del vientre de la madre adolorida. Fue la menor de aquellas aventuras ocasionales de la señora, con su tercer crío de su tercer marido. Tres padres y un solo infortunio.


Quedó preñada una noche de juergas etílicas haciéndole honor a la bebida de cebada que hacía alusión, por su nombre, al finado dictador de larga permanencia que ejercía el yugo por derecho y permisión de los ignorantes.

Se resistía a tomar el calostro del pezón materno por lo que tuvo la madre que alternarlo con el agua de avena en el biberón. La débil figurita fue desarrollando su cuerpecito bajo la dependencia de quien le dio la vida y le quitó la personalidad futura.                


 Se dejó moldear a voluntad de la fuerte figura materna, que disponía con hilos manuales de la conducta adoptada cual marioneta torpe.


Así fue su vida, así creció, entre la voluntad manipulada y la confusión de sus deseos. Se negó a estirar alas y se conformó con recibir las migajas caídas del pico materno aprendiendo a vivir una falsa alegria, en un mundo ficticio, de principado ilusorio, de plebeyos imaginarios a su servicio, de frustraciones constantes, de éxitos inmerecidos otorgados por el esfuerzo ajeno y realizados bajo el estricto dictado de las tareas impuestas. Su mundo se desarrolló en una burbuja imaginada en una realidad prestada.


En ese letargo permanente desarrolló su juventud viendo pasar sus mejores momentos sin vivirlos, se le cruzó de largo su príncipe azul sin desmontar al corcel ni tampoco al semental, no tuvo la oportunidad de combinar adecuadamente el sexo con el sentimiento; no entendió la importancia de colocar el tapón a la botella, el hilo en el ojal ni la horma al zapato.


Su vida se tradujo a un otoño sin verano, a un invierno presagiado, a una primavera sin colores. Nadó en la orilla del intento y ahogó sus penas en un desierto de arenas. Su vida la llenó de esperanzas, sin aprovechar las oportunidades, las calvas y las con mucho cabello. Descansa tranquila, en la calma del pesimismo conformado, ya una sexagenaria con esperanzas esperadas en tiempo pasado con presente sin futuro. Nunca salió de su burbuja, desconoce que no vivió mas si sabe que existió.

 

Jaro.-