Hay noticias que uno no sabe si tomar con humor, con indiferencia o con preocupación. Se leen, se comentan unos minutos y pasan. Pero a veces, detrás de lo aparentemente anecdótico, hay una pregunta más grande que merece detenernos.
La reciente promoción de “juntes” de Therians en espacios públicos de Puerto Plata y Sosúa no debería verse como un simple hecho curioso ni como motivo de burla. Tampoco como una amenaza. Más bien como un espejo. Un espejo que nos obliga a preguntarnos: ¿en qué momento dejamos de cuestionar, de exigir, de proponer… para simplemente montarnos en la ola de lo que es tendencia?
Vivimos en una época donde lo viral parece tener más fuerza que lo urgente. Donde lo que genera interacción digital muchas veces desplaza lo que realmente impacta nuestra vida diaria. Y esa es la parte que inquieta.
No se trata de descalificar a quienes deciden reunirse por afinidades personales o identitarias. Cada individuo es libre de expresarse como entienda. El punto no es ese. El punto es colectivo.
Mientras se organizan convocatorias que responden a fenómenos de redes sociales, Puerto Plata enfrenta desafíos reales: inseguridad en algunos sectores, contaminación de playas, tránsito caótico, desempleo juvenil, violencia intrafamiliar, abandono de envejecientes, espacios culturales limitados para nuestros jóvenes.
Entonces surge una pregunta inevitable:
¿Y si nos juntáramos para hacer un festival de lectura en el parque?
¿Para pedir soluciones reales al tránsito que cada día se vuelve más caótico?
¿Para organizar cine comunitario en el malecón?
¿Para levantar la voz por barrios más seguros?
¿Para rescatar nuestras tradiciones culturales?
¿Para sembrar árboles?
¿Para crear espacios donde los jóvenes puedan expresarse sin violencia y con orientación?
Las sociedades no se transforman por tendencias pasajeras. Se transforman por conciencia colectiva.
También preocupa algo más profundo: el impacto en los más jóvenes. Muchos adolescentes consumen estas corrientes sin información suficiente, sin contexto, sin acompañamiento crítico. La etapa formativa necesita orientación, pensamiento reflexivo, capacidad de discernimiento. ¿Estamos ofreciendo eso? ¿O estamos permitiendo que la identidad se construya únicamente a partir de lo que aparece en pantalla?
La pregunta no es si algo es popular. La pregunta es si estamos educando para pensar.
Puerto Plata es una provincia con historia, cultura y potencial. No podemos reducirnos a lo momentáneo. Somos más que hashtags. Más que fenómenos digitales. Somos una comunidad con retos urgentes y con la capacidad de afrontarlos si decidimos priorizar lo que verdaderamente importa.
Tal vez el verdadero “junte” que necesitamos no sea el de una tendencia, sino el de la conciencia. El de la participación ciudadana. El del compromiso con causas que construyen.
Y sí, desde una postura serena y respetuosa, resulta entendible que las autoridades recuerden que los espacios públicos requieren orden y regulación. No como acto de persecución ni de intolerancia, sino como recordatorio de que toda sociedad necesita límites y prioridades claras.
La libertad es un derecho. Pero la responsabilidad también lo es.
Yo sí creo en los juntes. Pero en los juntes que construyen, que educan, que elevan, que transforman.
La pregunta es: ¿Estamos dispuestos a volver a cuestionar y a exigir… o seguiremos simplemente siguiendo la ola?