Han transcurrido 23 años desde aquel 22 de septiembre de 2003, cuando un terremoto de magnitud aproximada de 6.4 sacudió la provincia de Puerto Plata, ocasionando importantes daños a viviendas, establecimientos comerciales y edificaciones públicas. Aquel acontecimiento dejó pérdidas materiales, incertidumbre y una lección que, desde el punto de vista del corretaje de seguros, merece ser recordada.
Una de las situaciones que generó controversias entre asegurados y compañías aseguradoras, y que constituye el objeto de esta reflexión, fue el denominado infraseguro, una figura que muchos propietarios de negocios desconocen y cuyas consecuencias económicas pueden resultar devastadoras.
El infraseguro ocurre cuando el valor por el cual se encuentra asegurado un inmueble, una mercancía o cualquier otro bien es inferior a su valor real. En otras palabras, el propietario tiene un seguro, paga puntualmente su prima y considera que está protegido, pero al momento de producirse un siniestro descubre que la cobertura contratada resulta insuficiente.
Para comprenderlo, pongamos un ejemplo sencillo.
Supongamos que un establecimiento comercial mantiene mercancías cuyo valor real asciende a diez millones de pesos, pero su póliza de seguros contempla únicamente cinco millones. En esas circunstancias, el comerciante tiene asegurado apenas el 50 % del valor de sus existencias.
Si ocurre un terremoto y se producen daños parciales por cuatro millones de pesos, la compañía aseguradora, cuando corresponde aplicar la cláusula proporcional de infraseguro, podría reconocer solamente dos millones de pesos, antes de los deducibles y demás condiciones contractuales. Los otros dos millones tendría que asumirlos el propio comerciante.
Esta situación suele provocar incomprensión, inconformidad y, en ocasiones, controversias judiciales. El asegurado entiende que contrató una póliza para proteger su negocio, mientras que la aseguradora sostiene que su responsabilidad debe guardar proporción con los valores efectivamente asegurados, conforme a las condiciones pactadas.
Lo mismo ocurre con los edificios. Un inmueble cuyo costo de reconstrucción asciende a treinta millones de pesos no debería permanecer asegurado por quince millones simplemente porque ese era su valor cuando se contrató la póliza años atrás. Los incrementos en los materiales de construcción, la mano de obra y las mejoras introducidas a la propiedad pueden generar diferencias importantes entre su valor actual y la suma asegurada.
Puerto Plata tiene razones adicionales para prestar atención a este problema.
Nuestra provincia se encuentra situada en una región de considerable actividad sísmica. La existencia de la falla Septentrional, la falla de Camú y otras estructuras geológicas asociadas a la dinámica tectónica del norte de la isla constituye un recordatorio permanente de nuestra exposición a los terremotos.
El municipio de San Felipe de Puerto Plata, al igual que otras comunidades de la provincia, no está exento de ese riesgo. El terremoto de 2003 demostró que no se trata de una amenaza imaginaria ni de acontecimientos que solamente ocurren en otros países.
Los terremotos no avisan. Tampoco es posible establecer con certeza cuándo ocurrirá el próximo movimiento de gran intensidad. Lo que sí podemos hacer es adoptar medidas para reducir sus consecuencias humanas, materiales y económicas.
Desde nuestra experiencia en el corretaje de seguros, consideramos que existe una responsabilidad compartida. Los corredores debemos orientar adecuadamente a nuestros clientes sobre la importancia de mantener actualizados los valores asegurados, mientras que los propietarios de negocios deben informar oportunamente sobre el crecimiento de sus inventarios, las nuevas adquisiciones y las mejoras realizadas a sus edificaciones.
Un comerciante que contrató una póliza cuando su inventario ascendía a cinco millones de pesos, pero que hoy mantiene mercancías por quince millones, no puede dar por sentado que la cobertura original protegerá la totalidad de sus existencias.
Nuestra recomendación es concreta: los comerciantes de Puerto Plata deben revisar y actualizar periódicamente sus inventarios y las sumas aseguradas de sus negocios.
Esta revisión no debe limitarse a la renovación anual de la póliza. Resulta conveniente realizarla cuando aumenten significativamente las existencias, se reciban grandes embarques de mercancías, se amplíen los establecimientos o se produzcan cambios importantes en los costos de reposición.
De igual manera, recomendamos mantener inventarios documentados, respaldados por facturas, registros contables y, cuando corresponda, fotografías y soportes digitales conservados en lugares seguros. Estos documentos no solamente permiten contratar coberturas adecuadas, sino que facilitan la demostración de las pérdidas cuando ocurre un siniestro.
También es indispensable verificar que la póliza incluya expresamente la cobertura de terremoto, revisar los deducibles aplicables y conocer las condiciones que regulan la indemnización.
El seguro representa uno de los instrumentos más importantes para proteger el patrimonio empresarial. Sin embargo, su verdadera utilidad no depende únicamente de tener una póliza vigente, sino de contratar coberturas suficientes, correctamente estructuradas y ajustadas a la realidad económica de los bienes asegurados.
El terremoto de 2003 nos dejó muchas enseñanzas. Una de ellas es que las pérdidas de un desastre natural pueden agravarse cuando los bienes no se encuentran debidamente asegurados.
No esperemos otro terremoto para descubrir que nuestros edificios y mercancías valen mucho más de lo que establece nuestra póliza.
Actualizar los inventarios y revisar las sumas aseguradas no debe verse como un gasto adicional, sino como una decisión responsable para proteger el patrimonio, preservar los empleos y garantizar la continuidad de nuestros negocios.
Porque, cuando la tierra tiembla, la diferencia entre estar asegurado y estar correctamente asegurado puede representar la supervivencia económica de una empresa.