Opinión
Opinión
Promesas, anuncios, anuncios y nada
Es hora ya de que la sociedad Puertoplateña aprenda a mantener en el tiempo sus reclamos y no dejar por cansancio sus movimientos reivindicativos.
La suerte del país fuera otra
Se cumplen 50 años de tan fatídico momento de nuestra historia, y aun nuestro pueblo añora aquel ensayo democrático que trajo consigo una de las constituciones más democráticas del país y de América.
Qué esperamos, debemos iniciar yá!!!
Los Puertoplateños debemos prepararnos para recibir la gran cantidad de turistas que llegaran, debemos adecuar nuestros puntos de atracción turística, para causar la mejor de las impresiones en todos aquellos que nos visiten.
El voto preferencial tiene que ser regulado
La competencia, en vez de ser entre aspirantes de partidos contrarios, se produce una guerra entre compañeros, guerra de dinero y todo tipo de trampas, imponiéndose quienes más recursos económicos tengan.
A 10 años del terremoto
Se busca fortalecer, actualizar y poner en práctica esos conocimientos para las nuevas construcciones a realizarse en la provincia de Puerto Plata.
La guerra de la hipocresía
Muchos temen la presencia de ese fantasma que habita en bombarderos y acorazados cubierto de una manta de barras y estrellas, que quita el sueño y mata de hambre aun a los que nadan en abundancias propias puestas en manos ajenas.
Un recordatorio permanente para la exaltación de un gran paradigma
“Gregorio Luperón, nació el 8 de septiembre de 1839 hijo de Pedro Castellanos y Nicolasa Duperón (apellido francés que luego se convirtió en Luperón); inicia su vida militar al ser escogido como comandante auxiliar en la cantonal de Rincón manifestando carácter y disciplina. Sus hazañas militares unidas a su amor por la libertad y el derecho del pueblo a la soberanía, revestido de ideales puros y nobles, alejados de bajas pasiones y glorias personales le ganaron muchos enemigos aún en el seno del gobierno restaurador, no obstante continuó en pos de su ideal”.
Olvidadas
María Madre de Dios, María de Magdala, Esther o Judith, mujeres al fin, unidas por una sola razón desde distintas ópticas.