En nuestra entrega anterior, hablábamos sobre la necesidad de educarnos como pueblo para avanzar hacia el desarrollo.
Cómo hacerlo? Hemos entendido siempre que esa responsabilidad le corresponde al gobierno estatal. En esto último…todos estamos de acuerdo! Como proyecto de nación está así consignado en la constitución de la República. Sin embargo, las buenas costumbres, modales, el trato respetuoso hacia los demás, son asuntos que deben enseñarse en el seno familiar.
Es nuestra forma de colaborar con el país. Recuerdan ustedes aquella famosa frase del trigésimo quinto presidente de Los Estados Unidos de Norteamérica; John F. Kennedy: ¨no preguntes lo que tu país puede hacer por ti; sino lo que tú puedes hacer por tu país¨.
Levantemos la bandera de la civilidad! Apostemos al civismo mediante la formación de hijos que aprendan a respetar las leyes, los profesores de su plantel, los vecinos, etc. Niños que crezcan alimentando la conciencia de que tienen deberes y responsabilidades tanto dentro como fuera del hogar.
Ese alimento debe ser provisto por los padres, a saber, los sacerdotes del hogar. Todo esto a través del buen ejemplo: ¨una acción vale más que mil palabras¨.
Sé que esto suena más bien como una utopía; sin embargo todos los grandes cambios sociales se presentaron originalmente como algo irrealizable hasta que prendió en el corazón de muchas gentes comprometidas con el futuro de su nación.
Haz de tu casa una nación! Comienza a educar los ciudadanos de tu pequeña nación. No le dejes a nadie más la tarea de inculcar buenos valores a tus hijos. Esa labor fue asignada desde siempre a los líderes del hogar, y para esto, no se necesita ser un intelectual……. Solo se requiere ser padre!