El agitado curso de vida en esas grandes urbes es extraordinario. Todos parecen estar de prisa, estresados y sin tiempo para un intercambio de ¨buenos días¨.  Y qué decir del caótico tránsito allí! Aún con la construcción de túneles y elevados por toda la ciudad, los embotellamientos están a la orden del día, lo cual junto al calor sofocante, irrita enormemente a los conductores, consecuentemente decrece la calidad de vida de sus munícipes.

 

Nuestra ciudad en cambio, conserva su encanto al margen de sus consabidos males. Todavía hoy en día, ostenta esa magia que enamora a los visitantes. Quien no ha transitado por la calle 26 de agosto de norte a sur sin ser cautivado por la montaña Isabel de Torres que le sirve de fondo? Es sencillamente un espectáculo sobrecogedor! Caminar por el malecón de la ciudad a cualquier hora del día vivifica el espíritu de cualquier mortal.

 

Pero no puedo terminar este escrito sin remarcar la siempre agradable amabilidad y cortesía del puertoplateño. De su gente que te sonríe y saluda aún sin conocerte.  

 

Hay la necesidad de que estos buenos valores en nuestros munícipes sean difundidos y enseñarlos a nuestros niños en las escuelas; para que no se pierda tan hermosa cultura. La cultura de la decencia, del trato amable a nuestros visitantes. Que todo el mundo nos reconozca como la CIUDAD MAS AMABLE DEL MUNDO!