A lo largo de toda nuestra historia republicana, han sido tantas las frustraciones, mentiras y desengaños los que ha padecido este sufrido pero glorioso pueblo dominicano; que han forjado muy dentro de nuestra psiquis un ambiente de incredulidad en términos tan exacerbados que nos impiden analizar los hechos con objetividad . Eso es preocupante! Hoy tenemos la arraigada cultura del ¨no creo ni en mi mismo¨. Cualquier anuncio de una buena iniciativa en beneficio de la comunidad; no importa del litoral que venga, recibe de inmediato una dosis de oposición ciega, desenfrenada.

 

Este estado de cosas se pone de manifiesto en todos y cada uno de los estratos sociales, partidos políticos, sindicatos, instituciones religiosas, etc.

 

Dispóngase por ejemplo, con el mejor de los ánimos, a gestionar un movimiento en el barrio para colectar fondos para resolver entre todos;  ese problema fundamental de carencia de agua, por falta de una acometida adecuada que lleve el preciado líquido a su comunidad. Ya me parece estar escuchando las voces a las que me refiero: ¨ese no es problema mío, que lo resuelva el gobierno!¨, ¨yo a ese señor no le doy mis cuartos, ese se está buscando lo suyo¨ o un ¨yo no confío en ningún perredeísta o peledeísta (cual que sea el caso)¨.  Expresiones como estas son clásicas entre nosotros.

 

Cuando se trata de boicotear y anarquizar iniciativas somos unos ¨especialistas¨. En muchos casos se trata de gente de muy  buena calidad humana, pero llenos de amargos desencantos y frustraciones remitidas de generación en generación.

 

En ese mismo orden, hay que leer en los medios de comunicación a connotados articulistas de sobrada reputación, a los cuales simplemente nunca les he visto escribir algún aspecto positivo del quehacer de sus contrarios. Cuando los leo, percibo más amargura que objetividad. Ellos tampoco escapan al ambiente de ¨refuta todo lo que el otro plantee¨ al que nos referimos.

 

A donde se fue la objetividad?