En la República Dominicana, acceder a la justicia muchas veces significa enfrentarse a años de espera. Un proceso puede durar largo tiempo en tribunales ordinarios y, al llegar a la Suprema Corte de Justicia, la decisión final puede tardar aún más.

 

Pero detrás de cada expediente hay personas. Hay vidas.

 

Asumí la representación de una cliente de escasos recursos económicos. Convencida de la legitimidad de su causa, decidí asumir personalmente los gastos del proceso, con la esperanza de que la justicia prevaleciera.

 

Y prevaleció.

 

Ganamos en todas las instancias.

 

Sin embargo, la sentencia definitiva llegó demasiado tarde. Mi cliente falleció antes de conocer el resultado de la lucha que sostuvo durante años. Nunca pudo escuchar que la justicia le había dado la razón.

 

Y entonces surge una pregunta inevitable:

 

¿Qué valor tiene una sentencia favorable cuando llega después de la vida de quien la esperaba?

 

La mora judicial no solo retrasa expedientes. También desgasta emocionalmente, consume económicamente y, en ocasiones, priva a las personas de experimentar el verdadero significado de la justicia.

 

Y también cabe preguntarse:

 

¿De qué sirve exigirles celeridad a los jueces de primera instancia, si muchas veces es la propia Suprema Corte de Justicia la que más tarda en decidir?

 

La justicia debe ser coherente en todos sus niveles. No basta con exigir rapidez en los tribunales inferiores mientras los procesos permanecen años esperando una decisión definitiva en las más altas instancias.

 

Necesitamos un sistema más ágil, más eficiente y más humano. Porque la justicia no debe medirse únicamente por las decisiones que emite, sino también por la oportunidad en que las produce.

 

Doña María, lamento profundamente que la justicia terrenal haya llegado tan tarde para usted.

 

Después de tantos años de lucha, sacrificios y esperas interminables, la decisión favorable llegó cuando ya no estaba para recibirla. Ganamos el caso, pero el tiempo le arrebató la oportunidad de ver reconocido su derecho en vida.

 

Que Dios le conceda descanso eterno y fortaleza a sus familiares.

 

Porque, cuando la justicia tarda demasiado, deja de ser justicia.