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CONFIESO

Ultima Actualización: jueves, 30 de septiembre de 2010. Por: Luis Henriquez Canela

El Mea culpa es una locución latina que se traduce literalmente como “por mi culpa” y usada generalmente como “mi culpa” o “mi propia culpa”. Ya no es simplemente una confesión de pecados, sino también una admisión de su naturaleza dañina y la buena voluntad de hacer una compensación por ella. (Wikipedia)

Últimamente estamos siendo bombardeados por una serie de informaciones referentes al relanzamiento de Puerto Plata como destino turístico. Estamos en el piso, moribundos, agónicos, casi irremediablemente acabados. Las organizaciones que tienen que ver con la industria hacen reuniones y seminarios mientras la cantidad de visitantes se reduce más y más. El ministerio de turismo viaja, pública, acuerda, paga publicidad, se reúne, promete, cacarea; hasta ahora, con exiguos resultados.   

 

A nuestro modo de ver las cosas, hemos comenzado el relanzamiento por el final en vez del principio. El sentido común indica que hay que hacer un acto de contrición reconociendo con aflicción y dolor nuestros pecados propios y nuestros errores,  que antes de lanzarnos a gastar millones de dólares en campañas promocionales costosísimas que alivian la pena momentánea de un turismo en decadencia, hay que arreglar la casa. 

 

PRIMERO: Se arregla la casa reconociendo, admitiendo y aceptando la realidad, para luego subsanar los males. La cruda y amarga realidad es que a pesar de las inversiones que han hecho los hoteleros de playa dorada en el mantenimiento de sus instalaciones hay hoteles cuyas habitaciones huelen a mocato. Cuyos aires acondicionados y demás mobiliarios,  no aguantan más reparaciones, cuyos alimentos no están aptos para visitante alguno por muy barato que se venda el paquete, en fin, cuyos servicios, todos, deben ser revisados. Los mismos dominicanos que visitan por fines de semana esas instalaciones tienen sus quejas, y muchas.

 

SEGUNDO: Hay que comenzar por el principio, irse a lo básico, enseñarle cómo, de qué forma deben ser las cosas a ciertas asociaciones de vendedores o sindicatos que en reclamo de sus “derechos” convierten la actividad de atención al visitante extranjero en un verdadero desastre. Y nadie va donde no hay organización, donde no hay respeto, donde te sacan el dinero del bolsillo y donde te roban.

 

TERCERO: Si queremos que el turista visite la ciudad, hay que mejorar la seguridad, aquí se está robando y atracando a niveles nunca antes visto, es crudo, pero es real. Y se debe decir aquí que no es restringiendo a la prensa para que no publique cuando suceden hechos lamentables en contra de extranjeros residentes (muy pocas veces sucede con turistas), es evitando este tipo de hechos, no en reuniones con los periodistas tratando de que éstos pinten un panorama inexistentes, es con acciones que se resuelve esta situación. La pluma (el teclado) no es la culpable.

 

CUARTO: Las decenas de asociaciones “para el desarrollo”,  clústeres, asociaciones de fomento, cámaras etc., deben unirse; nada se logra cuando las fuerzas están dispersas. Debemos aprender que juntos somos más e ir dejando el complejo anti gregario que nos ha mantenido sin posibilidades de conseguir nada, ni de arreglar nada, ni de planificar nada. El complejo de asceta nos tiene hundidos.  Y los “empresarios” que tienen sus intereses contrapuestos y que no han dejado, por ejemplo, que el proyecto del muelle turístico se materialice, buscando condiciones ventajosas para ellos mismos, que depongan esa actitud egoísta. Aquí todo el mundo sabe quiénes son. Andan por ahí en chacabanas de lino blancas aparentando lo que no son, son varios, no muchos; ellos saben quiénes son y saben que todos saben que son ellos los que han mancillado con su  narcisismo la materialización de esa importante obra.  

 

QUINTO: Educación; educar, enseñar, instruir.  Hay que colocar en los canales locales cada dos horas reseñas educativas para que el puertoplateño entienda que sin turismo no hay vida, haciendo especial énfasis en que es mejor para el futuro ganarse hoy un peso y no diez. Ejemplarizar conductas torcidas y sus resultados. Lo que aparenta ventajoso ahora se convierte en una trampa. Hay que hacer del comercio, de la venta, un negocio ganar-ganar. Que no le ofrezcan al turista, un poco más adelante, en otra tienda, el cuadro que acaba de comprar en trescientos pesos, que no se lo ofrezcan en cincuenta. ¡Qué mal se siente cuando es así!

 

SEXTO: El gobierno debe venir en auxilio de los hoteleros. Pero no con anuncios, con promesas. Esto no es una campaña política, aquí las promesas no valen. Se requieren hechos, acciones como por ejemplo un tipo de cambio ventajoso, energía barata, impuestos reducidos, por ejemplo el ITBIS al 8%.  En lo laboral hay que ensamblar las leyes laborales y la de seguridad social para que la carga por trabajador (bastante excesiva) sea más llevadera. Es mucho lo que se puede hacer, pero hay que despojarse.  Gastar un poco menos para poder ceder en aras del crecimiento.

 

Es mucho lo que hay que hacer antes de relanzar. Vamos a lavar nuestras propias sábanas, a zurcirlas correctamente, a brillar los calderos, a tapar las goteras, a cambiar la amarillenta y destartalada tapa del inodoro, a vestirnos con dignidad y, luego, invitar de nuevo a que nos visiten.