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Desde los bleachers, para ellos dos.

Ultima Actualización: sábado, 15 de marzo de 2014. Por: Luis Henriquez Canela

Hay que buscar el lado bueno de las cosas.

Los indios del valle; ¡qué equipo aquel!  Mi padre nos llevaba una o dos veces al mes. Palco y preferencia, un peso con cincuenta centavos aproximadamente, los bleachers costaba veinticinco centavos. Era donde él podía pagar cuatro asientos. Desde ahí me maravillaba con la majestuosa obra del hombre representada en ese Estadio Olímpico de La Vega. Como el que no tiene nada, no le importa estar en preferencia o encima de la pared del jardín izquierdo, nos sentíamos felices y contentos de estar ahí aunque fuera del lado de los menos.  
 
Tenía apenas diez u once años.  Dada la precariedad informativa con la que crecimos, sin teléfono, sin internet ysolamente un pequeño televisor blanco y negro con escasas noticias al día,a Puerto Plata la conocía por los libros de texto y por el equipo de los Piratas del Atlántico. Hoy estoy aquí en esta hermosa tierra donde sigo feliz en los bleachers, pero no mirando un partido de pelota, sino de ideas, de dimes y diretes, acusaciones y contra acusaciones. 
 
Esto que escribo lo hago para ellos dos. Y les digo que me ha gustado. He estado maravillado por el debate abierto, sin censura, desprovisto de máscaras, ambos defendiendo sus puntos de vista. Me ha gustado el diálogo franco, pródigo, profuso, abundante. Me ha gustado la urgencia, el apremio. El lenguaje escrito, bien escrito; ¡qué maravilla! 
 
Dios me libre inmiscuirme en la insondable profundidad de esadiscusión. Ambos están defendiendo su derecho a disentir, a pensar diferente.  
 
Ese debate me ha puesto a reflexionar en que si la prensa nuestra fuese así de abierta, así de desnuda, así de cruda, la realidad fuera otra. Esa disputa entre esos dos veteranos comunicadores demuestra que no todo está perdido, que no todo está inclinado hacia unlado u otro, demuestra que, aun ante la cruel y despiadada sinrazón de algunas de sus palabras, hay una esperanza.  La esperanza de que es posible decirle la verdad al pueblo, la esperanza de que el debate de ideas y situaciones sea cada vez más transparente.  
 
Ese debate entre dos puntos de vista aclara, precisa, esclarece. Nos enseña que lejos de monopolio hay diversidad en la información que se le sirve al ciudadano. Indudablemente que la porfía genera ideas, muestra situaciones, y es bueno que así sea. 
 
Una parte importantísima de ese dialogo aguerrido es el hecho de que ya no tenemos que esperar una semana para leer las declaraciones de alguien, sino, que se hace al instante y queda para la historia. El diario impreso una vez por semana imposibilitaba que esos dos protagonistas elucubraran sus angustiosos razonamientos con la prisa con la que lo están haciendo ahora. Años atrás, hay que decirlo, se hubiesen atragantado.
 
Aunque algunos estén apenados, yo me inscribo, aquí en los bleachers,  y aplaudo ese debate. Sé que han dicho cosas que no debieron, pero el noventa por ciento de lo que han dicho muchos no lo sabíamos o no lo recordábamos. 
 
Hay que buscar el lado bueno de las cosas. Aun en las grandes desgracias de la humanidad se encuentran cosas buenas y si no, por lo menos se aprende. 
 
Hermanos, la paz esté con vosotros.