En el artículo anterior señalé algunas razones de porqué tiene importancia leer, o mejor dicho, tener un eficaz y correcto buen hábito lector; sin embargo para obtener un correcto hábito de lectura es preciso que tengamos en cuenta entre muchas otras, dos pautas necesarias: qué leer y cómo leer; que también podríamos traducir en qué hago y cómo lo hago.
Cuando hablo del qué leer me estoy refiriendo a los aspectos, temas, problemáticas, informaciones, etc., que son convenientes, propicias y favorables para que podamos tener un gusto por la lectura. Porque el hábito lector más que una rutina es el gusto exquisito por la buena y adecuada lectura. Por ejemplo, pensemos en nuestro plato favorito (comida) y hoy día podríamos agregar nuestro contacto favorito que aunque lo comamos y nos comuniquemos frecuentemente con determinada persona siempre conservamos el gusto de hacerlo porque no actuamos por un simple placer y nada más, aunque también este exista de trasfondo, sino más bien porque nos sentimos satisfechos y a gusto, de algún modo, tanto con la persona del contacto favorito como del plato de preferencia.
De la misma manera es el correcto hábito lector donde para poseerlo influye en gran medida lo que gustamos por leer, es decir que si queremos y buscamos adquirir un correcto hábito de lectura debemos detenernos a pensar en los temas, aspectos, informaciones…….que más nos atraen porque esto facilita que obtengamos el gusto exquisito por la buena lectura, que en palabras más técnicas sería el correcto hábito lector. Por ello, si aun no sentimos gusto por la buena lectura el primer peldaño que debemos subir es buscar en nosotros mismos las cosas de las cuales nos sintamos más atraídos y que sabemos que aunque siempre las escuchemos siempre sentimos que dicen algo nuevo y diferente para nuestro crecimiento personal.
Ahora bien, para cultivar el buen hábito de lectura es necesario que sepamos identificar las lecturas que nos pueden ayudar a acrecentar nuestros conocimientos y con ellos que seamos mejores personas, por la razón de que no toda lectura ayuda a esta causa. Es decir, hoy día notamos que se escribe mucho de todo pero no todos escribimos de forma adecuada de ciertos temas; y si nos acostumbramos a leer cosas que en el fondo no dicen nada ni nos ayudan a crecer, entonces seremos tal cual dicha lectura, como reza un adagio popular “de tal palo tal astilla”. Si leemos malas lecturas (de pobre contenido) seremos malos lectores y con conocimientos vacíos. Por eso, no toda lectura es buena para acrecentar nuestros conocimientos, de ahí que durante todo el artículo me haya referido no al simple hábito lector sino al correcto hábito lector o correcto y eficaz hábito de lectura.
Por otra parte, está el cómo leer. Esto no es más que los modos de leer que se prestan para que podamos cultivar el correcto hábito lector, que en este caso es la actitud y la intención que optemos para la adecuada lectura. Es decir, de la misma forma que es el gusto para el qué leer también es la actitud y la intención para el cómo leer.
Con cuanta mejor actitud e intención (de crecer como personas) nos acercamos a la apropiada lectura mayor será nuestro crecimiento, y de esta manera más sólido será el correcto hábito lector; recuerda lo del adagio popular “de tal palo tal astilla”. Pensemos en momentos de cuando queremos aprender a manejar, si vamos con una actitud pesimista y con intenciones de fracaso jamás podremos ser buenos y seguros choferes. Por esta razón, si queremos cultivar el exquisito gusto y la sensibilidad por la adecuada lectura debemos mostrarnos con la mejor actitud e intención posible de crecer y desarrollarnos que implica ambición por escudriñar lo mejor.
En fin, no podemos (ni pretendamos) ser buenos estudiantes, eficientes profesionales ni ejemplares ciudadanos sino cultivamos el gusto por la correcta lectura. Por tanto, querido lector, utilicemos y explotemos esa capacidad de conocer que se nos ha dado gratuitamente, dejemos el miedo y la indiferencia por lo que nos puede hacer cada vez mejores, optemos por los buenos caminos y senderos que nos rodean y que muchas veces no lo podemos ver por falta disposición y astucia, en este caso el correcto hábito por la buena lectura; y recuerda que “El hombre audaz es aquel que cuando no encuentra ni hay caminos, los hace”. Y tú, ¿eres audaz? ¿No te gustaría serlo?