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La moña y sus reflexiones

Ultima Actualización: domingo, 12 de septiembre de 2021. Por: Luis Henriquez Canela

No hay ley que pare ese negocio, expresa. Pueden hacer mil operativos y apresar cinco mil personas, pero ninguna acción será suficiente. El negocio va a seguir creciendo hasta el infinito.

Por: Luis H. Canela 


Juan “la moña”, como  le apodan, dice llorar desconsoladamente ante noticias como: “Aduanas encuentra medio millón de dólares”, “Durante el mes en curso, Aduanas ha decomisado más de cinco millones de dólares provenientes de Estados Unidos y Europa”. Son noticias terribles para él.  La moña es todólogo;  jardinero, electricista, plomero, lava vehículos, hace mandados; vive en un barrio de los más pobres de Puerto Plata con “la mamá de los muchachos”, según dice. Entre ambos han procreado dos; hembra y varón.

 

Sale de su casa cada día a buscar el moro sin saber a qué hora va a regresar; no hay nada seguro en ese hogar. Son alimentados por “la Gracia de Dios”, según  su concubina.

 

A pesar de la pobreza material, Juan tiene cierto grado de entendimiento sobre muchas cosas porque de vez en cuando lee algún periódico de esos que ya no leen las personas que los reciben por suscripción, al limpiar los patios de esas casas, se los lleva amarraditos, vírgenes y, ¡los desvirga!

 

Lee con avidez.  Cuando cursaba el octavo curso falleció su madre que era la que lo mantenía en la escuela. Fue a parar donde su abuela paterna la que, a decir de ella misma, “no sabia de letras”. La desatención familiar lo llevó a la calle donde encontró puesto como mandadero en una banda de criminales menores. Estuvo preso por tres años, desde los 15 hasta los 18. Lo dejaron libre. Cuando salió, encontró el amor de su vida; Mari Cruz, su actual concubina y madre de sus dos hijos.

 

Al salir decidió que nunca iba a volver a estar preso por lo que, según cuenta, comenzó a realizar todo tipo de trabajo “honrado”. Es un hombre pragmático, no se detiene ante las adversidades de sus propios quehaceres.

 

Dice la moña que todavía no se sabe a qué lugar van a parar esos cuartos cuando son incautados. Que lo que sí se ve es la miseria que arropa cada día a los de su clase. Con desenfado y sin rubor dice estar seguro de que de cada 100 pesos que hay en la economía, 50 provienen del narco. Lee las noticias económicas, lee sobre el supuesto crecimiento en papeles que tiene el país, pero su condición no cambia.

 

Hace unos días lo vi en el malecón, iba caminando medio de prisa con un saco al hombro, lo detuve, hablé con él y me dijo que donde hay que atacar la droga es por el lado del consumo, porque mientras haya consumidores, habrá productores y que, por la condición geográfica de la República Dominicana, es y será un puente permanente de dinero y droga.

 

No hay ley que pare ese negocio, expresa. Pueden hacer mil operativos y apresar cinco mil personas, pero ninguna acción será suficiente. El negocio va a seguir creciendo hasta el infinito. Hoy atrapan veinte y hay cuarenta esperando para hacerse dueños de las rutas del negocio. Si no detienen el consumo, si no comienzan a trabajar con la educación de los niños, este monstruo de siete cabezas se va a adueñar del mundo.

 

Le pregunto ¿por qué te entristeces cuando Aduana incauta dólares que vienen de fuera?  Porque ese dinero es parte de la comida de mis hijos, es parte del diario. Ese dinero circula, hay más trabajo más gente en la calle más negocios abiertos, más de todo. Si no fuera por ese dinero, indicaba, nos tuviéramos comiendo unos con otros aquí.

 

Y lo dejé ir y me quedé pensando hasta qué punto la moña tiene la razón, si hasta el 50, el 60, el 70, o el 80 por ciento.   


Foto: N. Digital