PUERTO PLATA.- Con una solemne ceremonia que incluyó honores militares, fue conmemorado en esta ciudad atlántica de San Felipe de Puerto Plata el 129.º aniversario de la partida hacia el oriente eterno del general Gregorio Luperón, conocido en la historia dominicana como “La Primera Espada de la Restauración”.
Exactamente a las 8:00 de la mañana del jueves 21 de mayo, en el Parque Luperón, situado entre las calles 12 de Julio, José Ramón López, Eugenio Dechamps y Presidente Juan Bosch, inició el acto organizado por la Casa Museo General Gregorio Luperón con el izamiento de la Bandera Nacional al compás de las gloriosas notas del Himno Nacional.
Las palabras de bienvenida fueron pronunciadas por el comandante de la Base Aérea Puerto Plata, general de brigada piloto Héctor David Martínez Pérez, quien destacó la vida y legado de Luperón, resaltando su trascendencia histórica y su incansable lucha en favor de la soberanía e independencia nacional.
Asimismo, resaltó el gran legado patriótico dejado por el líder restaurador, nativo de Puerto Plata, a las presentes y futuras generaciones, especialmente a los miembros de las Fuerzas Armadas, quienes están llamados a preservar sus ideales, valores y hazañas en defensa de la nación.
Mientras tanto, una escuadra de soldados del Comando Norte de la Base Aérea de Puerto Plata, dirigidos por el primer teniente Phabber Santana Domínguez, rindió honores militares de estilo al general Gregorio Luperón al compás del himno dedicado al prócer, interpretado por la banda de música dirigida por el capitán Darío Hernández Toribio.
De igual manera, en representación de la masonería dominicana, el gran maestro Ramón Osiris Blanco Domínguez hizo un recuento del encuentro entre Luperón y Lilís en Saint Thomas, en 1896, cuando el prócer regresó moribundo a Puerto Plata y, un año después, se produjo su fallecimiento, cuyo funeral fue un acontecimiento majestuoso.
Blanco Domínguez destacó que Luperón fue llevado desde las exequias hasta la tumba con la doble condición de expresidente de la República y maestro masón grado 33°, realizándose varios ritos de la liturgia fúnebre masónica, como la Piedra Pulida, el derribo de la columna, la acacia, el templo a oscuras, la cadena de unión rota y la triple batería de duelo.
“Aunque Lilís controlaba el Gobierno y las armas en mayo de 1897, el entierro masónico del general Luperón fue un mensaje directo al pueblo dominicano de que el cuerpo del héroe iba a la tierra, pero su luz quedaba sembrada en el corazón de la patria para inspirar a quienes, años más tarde, derrocarían la opresión”, sostuvo.
La jornada conmemorativa concluyó con las palabras de gratitud del señor Eustaquio Vásquez y una caminata patriótica hasta la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, del sector Batey Tres, donde el sacerdote Cruz Osvaldo Santos ofició una misa con la participación de autoridades civiles y militares, además de estudiantes de distintos centros educativos.