Me expreso así para asegurar que solo Dios con su inigualable grandeza de sembrar y cosechar amor  puede hacer realidad lo que observé durante el pasado fin de semana, en la celebración  de los Octavos Juegos Deportivos Nacionales de Olimpiadas Especiales y el domingo 14 de Noviembre durante su clausura en el Palacio de los Deportes del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte.

 

Quienes allí  estuvimos, vivimos dos horas y media de emociones inauditas e inolvidables al presenciar a más de 230 niños y adolescentes que padecen el  síndrome de Down y otras discapacidades, participar junto a figuras del arte y la comunicación de un juego de baloncesto y de otras disciplinas deportivas  creando un ambiente único en el que se escurrieron lagrimas, sin empañar  la alegría y sin apagar la ternura.

 

Porque había demasiados pureza de almas y un concierto de bendiciones bajadas del cielo que en cada instante nos unió más en la dirección de amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos.

 

Repito ahora lo que dije en ese instante en mí adentro: “Estos niños, jóvenes y adolescentes son criaturas de Dios, y sus miradas y gestos irradian una inocencia, un candor y un contagio de amor que es imposible evadir o ignorar”.

 

Y es que estaba y me quedé  envuelto en un amoroso mundo de discapacidades que al mismo tiempo me produjo la capacidad de  recibir, devolver y  compartir un amor imperecedero.

 

La Fundación Quiéreme como Soy  y el Grupo Viamar, en la persona de Oscar Villanueva y su familia, al organizar y presentar el  emocionante evento que dio lugar a este comentario, me han dado la oportunidad de conocer que los niños y adolescentes con la condición del síndrome de Down, autismo, prematuridad, ontogénesis o cualquier fenómeno similar son ángeles en la tierra para promover la confraternidad y el amor.

 

¡Que Dios nos bendiga a todos, nos acompañe siempre y nos permita seguir siendo parte de esta hermosa jornada de superación, solidaridad y confraternidad!

 

!Qué así sea !