Emprender en el ejercicio del derecho es un desafío permanente. No basta con la formación académica ni con la experiencia acumulada; se requiere una disciplina firme para mantenerse al día con los constantes avances jurídicos, cumplir puntualmente con audiencias y compromisos, y asumir cada caso con responsabilidad y rigor.

 

En mi experiencia, ejercer varias materias del derecho implica estudio continuo, organización estricta del tiempo y una agenda que rara vez concede pausas prolongadas. A esto se suma mi interés por escribir, llevar un diario profesional, crear videos educativos para nuevos colegas y aportar a la formación de las generaciones que inician en la carrera.

 

Conciliar todo ello con una vida familiar presente y de calidad no siempre es sencillo. Es, en muchas ocasiones, un constante correr y correr. Sin embargo, incluso en medio de la rutina intensa, siempre hay espacio para un café con amigos, para una conversación que renueva el ánimo y recordar que detrás de la profesión también hay humanidad.

 

Cada día trae nuevos retos. Pero también confirma que emprender en el derecho, aunque exigente, es un camino posible para quien combina vocación, constancia y pasión por servir.