Por Ascanio Pena de la Cruz.-
 
(1 de varios)
 
Estos artículos pensé publicarlos en los días iniciales del ataque sionista a la franja de Gaza, pero me topé con una mujer Casquivana llamada Chikungunya. Eso sí, promesa de hombre, les juro que ni por todo el oro del mundo vuelvo a pernoctar con ella. ¡Ofrézcome! Que juegos tan pesados tiene esa ciudadana.
 
Cuando los individuos, las instituciones y las naciones pierden su dignidad, lo mínimo a esperarse es que cualquier Juan o Juana de los palotes les arrojen sobre las cabezas sus inmundicias biliares o la fétida hediondez de sus heces fecales. Nosotros no salíamos de nuestro asombro cuando leyendo la última página de la sección deportiva del periódico Hoy, edición del sábado 19 de Julio, nos topamos con una carta remitida a la dirección de ese diario por una tal Adi Farjon, secretaria de la embajada de Israel en el país, en la cual ésta denotando ser un miembro selecto de “Jovevéi Sion” (Amantes de Sión) y fiel seguidora de Teodoro Herzel el padre del sionismo – con un lenguaje destemplado e impropio del argot diplomático les imprecaba en un tono admonitorio, que las víctimas civiles palestinas serían culpa de Hamas y de ellos.
 
Ante este ominoso atentado a la libertad de expresión, tan grave como el ocurrido en la famosa “convención” de los sin escrúpulos, hecho por una representante diplomática extranjera, contra un medio nacional; y ante tanta desfachatez e insolencia que no le hubiera sido permitida ni siquiera en Tel Aviv, yo estuve esperando que en los próximos días el protegido de Pepín Corripio, el llamado gurú del alto periodismo Juan Bolívar Díaz, le diera una respuesta contundente a lo menos, en conjunción con la Asociación de Dueños de Medios, Periodistas y Trabajadores de la Prensa en General.
 
Al no ocurrir nada de esto, recordé que hace unos cuantos años, con motivo y en razón de la invasión de Líbano (Al-Jumhoriya o al Lubnaniya como se le designa en árabe) por parte de Israel, pensé enviarle un artículo titulado “Encomium Holocausto” al coctelero, el ya fallecido Cuchito Alvarez, exponiéndole detalles de ese conflicto. Problemas de salud (unos adenomas precancerígenos en el Colón) me impidieron hacerlo.
 
Debo aclarar antes de entrar en materia que por formación humanística y espiritual y no soy antisemita  ¡Aparta de mí Señor ese caliz tan sangriento!. Y siempre he considerado que al discriminar a un ser humano por raza, idea, opinión, religión u opción sexual se comete un crimen de lesa humanidad.
 
En ese artículo, muchas de cuyas ideas serán vertidas en éste, yo recordaba que interesado en conocer los pormenores históricos de esa región del Oriente Medio- frontera al igual que nosotros en el Caribe de todos las apetencias imperiales – y cuestionándome de cómo era posible que un pueblo como el judío, cuya religión monoteísta de adoración a Adonai Shadai (nombre respetuoso dado a Jehová) dio origen a las dos grandes religiones de la humanidad: el cristianismo y el islamismo y a dos grandes civilizaciones, en términos confesionales, la de la cruz y la de la media luna, podía vivir en eterna disputa con sus vecinos árabes. Interesado pues, repito, en saber todo esto; yo mantuve siendo aún un mozo imberbe una extensa e intensa correspondencia epistolar, a finales de los setenta y principios de los ochenta con una entrañable amiga judía ya fallecida; la señora Judith Kitbel.
 
Recuerdo que nuestro correo era tan pero tan eficiente que yo enviaba una epístola hoy, y al otro día en la tarde tenía la respuesta. Claro no existía internet. En una de esas cartas le mencioné que ese gran antillanista y preclaro prohombre nuestro el General Gregorio Luperón, mantenía cordiales relaciones con asociaciones mutualistas judías. Y conmovido una vez por los progroms o matanzas de judíos en la Europa del Este, les ofreció territorios para su sentamiento aquí. Estamos hablando del siglo antepasado.
 
Por esas relaciones cordiales de Luperón con grupos judíos aunque muchos Puertoplateños no lo saben, la respetable Logia de la Restauración No. 11, sin sus anexidades, tiene la misma dimensión ni pulgada más, ni pulgada menos que el templo erigido en Jerusalem por el monarca poeta de la Biblia el rey Salomón ¡Ay Neruda, el Génesis y el Pentateuco de tus “veinte poemas de amor…” está en ese “Cantar de los Cantares”: “Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven”. Del viejo Salomón!
 
La oferta de Luperón a los perseguidos judíos para su aposentamiento en la nación Dominicana era sincera, diferente a la del dictador Trujillo, quien en la década del treinta era un émulo caribeño de Hitler, pues éste astutamente por razones de geopolítica aceptó a los refugiados judíos y a los de la guerra civil española, para enfriarse un poco con la comunidad internacional exacerbada por el corte, la matanza de nacionales haitianos del 1937. (Continuará).