Por Ascanio  Peña De la Cruz.-
 
 (3 de varios)
 
PUERTO PLATA.- Afianzada en el supuesto garantismo del Código Procesal, ha surgido una peligrosa modalidad delictiva desconocida en el antiguo procesalismo como la repitencia criminal. Y digo repitencia y no reincidencia porque esta última se da cuando alguien comete una infracción y es juzgado y condenado por ella; y al cabo del tiempo vuelve a delinquir. 
 
Cuando yo hablo de repitencia criminal me refiero a individuos al estilo Raúl Serumberto Mota Reynoso alias Vantroy, con 50 acusaciones de asesinatos y no se le puede probar ninguna, gentes con 40 fichas policiales, con varias medidas de coerción, con numerosas aperturas a juicio y hasta con condenas definitivas; y sin embargo, andan orondas en las calles asesinando a mansalva “Por Error”.
 
Por supuesto yo no estoy de acuerdo con su eliminación física, pues aparte de no existir en el país la pena capital esto se hace para evitar que se llegue a conocer la cadena de complicidades. 
 
Y que nadie me mencione el garantismo supuesto del Código Procesal Penal. El otro código era tanto o más garantista que este. Lo que sucede es que ayer como como hoy el fallo ha estado en los actores del sistema. Especialmente en el principal actor: el poder político, ya que la falta de voluntad política es lo que ha impedido que las cosas funcionen como debieran, así desde el poder se observar impávido como se juega al Guataco con la sociedad dominicana: la Policía Nacional le pasa la candelita al Ministerio Público, este se la pasa a la judicatura y de ahí, se devuelve otra vez. Y mientras tanto la inseguridad y la delincuencia siguen repitiendo el taco en la cabeza de la pobre ciudadanía.
 
Es más, yo me atrevo a lanzar un reto (no el de la conceptualización ¡mal pensados!, pues ese es propiedad exclusiva del Mayimbe de la simulación) para que los alabarderos del Código Procesal Penal me digan donde hay más garantías de salvaguarda del STATUS LIBERTATIS, ciudadano, donde funciona mejor el estado de derecho si aquí o en Francia, y los demás países que utilizan el Código represivo Napoleónico, con las enmiendas de los convenios internacionales de los cuales es signataria la gran nación gala.
 
Habiéndose verificado ya en el país la ley de la saturación criminal enunciada por el maestro Enrico Ferri de la Scuola Positiva Italiana, de acuerdo con la cual permaneciendo todas las cosas iguales, no pueden producirse más crímenes que aquellos que el medio social puede soportar.
 
Y sabiendo que ni Dios, ni el pueblo dominicano, habrán de perdonarle, a los auspiciadores de esa contrarreforma jurídica, las montañas de cadáveres  que la delincuencia cobijada bajo su paraguas jurídico ha producido, yo solo espero desde esta humilde ventana en el atlántico (tan universal como cualquier otra) que como en la aldea de Pedro el señor del Páramo, un buen día los muertos se levanten a caminar entre los vivos, a buscar a los culpables para dejar caer sobre ellos el peso de la venganza comaliana. Entonces no los salvará ni checheré, ni el médico chino, ni mucho menos el amor, la locura  y los desvaríos de Susana San Juan (continuará...)