La reciente denuncia del Colegio de Abogados, seccional Puerto Plata, sobre el robo del cableado eléctrico en su local, no es un hecho aislado. Se suma a una preocupante cadena de actos vandálicos que permanentemente afecta a la Cámara de Comercio y Producción de nuestra provincia y a todos los comerciantes del Centro Historico. Estos eventos no solo dejan a oscuras a instituciones fundamentales para la vida jurídica y comercial, sino que ponen sobre la mesa una realidad que la sociedad no puede seguir ignorando.

Detrás de cada metro de cable u objeto de metal sustraído no hay una red de delincuencia organizada, sino el drama humano de los denominados "piperos". Se trata de enfermos mentales sumidos en la indigencia y la adicción, que encuentran en los mentales y el cobre de los cables el combustible económico para alimentar su próximo consumo.

Es un ciclo perverso: el adicto roba para malvender el metal por unos pocos pesos; el negocio informal de metales (las "metaleras") lo compra sin cuestionar el origen, y las instituciones terminan asumiendo el costo de la reposición. Sin embargo, el problema de fondo sigue intacto.

Si bien la respuesta inmediata suele ser el aumento del patrullaje policial, debemos ser honestos: la cárcel no cura la adicción. Lo que estamos presenciando en las calles de Puerto Plata es un problema de salud pública que ha desbordado la capacidad de las autoridades locales.

El "pipero" es el eslabón más débil y visible de una cadena de abandono. Mientras el Estado dominicano no ofrezca centros de rehabilitación accesibles, programas de reinserción real y una vigilancia estricta sobre quienes compran el material robado, los locales institucionales y las viviendas particulares seguirán siendo presas fáciles.

No basta con lamentar las pérdidas materiales. Es imperativo que el Estado Dominicano, a través del Ministerio de Salud Pública, el Consejo Nacional de Drogas y otras instituciones, articulen un esfuerzo integral para encontrar una solución a una situación que desborda los límites de la convivencia.