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La Tormenta Grace y Nosotros

Ultima Actualización: jueves, 19 de agosto de 2021. Por: Rafael Hernandez

Hace tiempo teníamos la fecha escogida para visitar Bahía de La Águilas y los informes sobre la entonces Tormenta Grace indicaban que podíamos irnos sin problemas.

Hace tiempo teníamos la fecha escogida para visitar Bahía de La Águilas y los informes sobre la entonces Tormenta Grace indicaban que podíamos irnos sin problemas. Desde el viernes nos fuimos a Santo Domingo. Desde allí partimos a las 5am y nos fuimos deteniendo en los diferentes pueblos, ya que las muchachas querían tomarse fotos frene al mural escrito que identificaba cada lugar y otros puntos de interés. Por el camino fuimos viendo que la noche del viernes fue un jolgorio en muchos de esos pueblos que se desarrollan a lo largo de la carretera, que es donde están los principales negocios. Basuras por toneladas y miles de botellas enteras, aunque vacías de cervezas y los vidrios de algunas decenas rotas. Vimos mujeres y niños cargar por sacos dichas botellas. También nos detuvimos a ver el reguero que había en un negocio, donde parece que se armó un rebú y todo el mundo salió huyendo incluyendo a quienes lo atendían que dejaron todo abierto. Nos detuvimos para un baño en Los Pozos de Romeo, una especie de cenotes adjuntos a la carretera. Cercano al mediodía estábamos en Las Caritas, frente a la entrada al parque Lago Enriquillo, viendo los pictogramas de nuestros ancestros. Entramos al parque y tomamos un bote para aliviar la tensión flotando por las aguas del lago y observando desde allí dentro la flora y fauna, al ritmo de la chercha de sus manejadores. Desde ahí fuimos a almorzar al restaurant del Cachón donde siguieron llegando cientos y cientos de personas al área de la "piscina". Así que le dimos la vuelta al lago, deteniéndonos en Jimaní en cuyas fronteras esperábamos mejores noticicias sobre el seísmo. Dormimos en Barahona y a la 5am. arrancamos de nuevo hacia Cabo Rojo, al mismo ritmo del día anterior tomando fotos el amanecer en playas San Rafael y pueblos vecinos dentro del recorrido, y entramos al Polo Magnético y a la laguna de Oviedo. Llegamos a Cabo Rojo y tomamos el bote a la Bahía de Las Águilas, donde disfrutamos de tremendo y bien merecido baño marino en medio de tanta belleza gratis que nos brindaba la naturaleza. La única pena es que Parque Nacionales cobra $150.00 por toda persona mayor de 10 años, recibiendo a diario, cientos de miles de pesos y no ha sido capaz de situar baños móviles a lo largo de dicha playa, teniendo los bañistas que hacer sus necesidades fisiológicas casi a lo público, pues la necesidad obliga. Así que escuchando los cambios en la ruta de la tormenta, convertida ya en depresión, según los últimos datos que habíamos podido ver, ya a la seis de la tarde fuimos a Pedernales por hielo y otras necesidades, donde también fuimos a ver el paso fronterizo, donde hay un busto que supuestamente es de Duarte, pero parece más un líder haitiano, sin enterarnos del último cambio de ruta, decidimos salir a la 5am del lunes para de ese modo adelantarnos a ella en nuestro obligado paso por la capital a dejar hija, esposo y nieta e internarnos enseguida hacia el Cibao. Para sorpresa nuestra, la tormenta eléctrica y los fuertes aguaceros del domingo en la noche formaban parte de dicha depresión, ya que al pasar Oviedo en este regreso, encontramos una inmensa cantidad de lluvias que nos cerraba el paso durante todo el trayecto, aveces tan fuerte que impedía la visión inmediata impidiéndonos avanzar, así que pueblo por pueblo lo que encontramos fueron muchos escombros arrastrados en la carretera en la parte montañosa y algunos torrentes en la zona baja donde los autos bajitos se hundían casi hasta la mitad. Desconocíamos que pueblos como Azua y Baní tuvieran torrentes tan poderosos corriendo por sus calles, como cualquier río fuera de madre. Así que en vez de huir de la Depresión, fuimos hacia ella y nos encontramos en sentido contrario, pero encontramos una lluvia fluida, constante, sin que se moviera una sola hoja de los árboles. Nada de vientos, de Santo Domingo a La Vega fue igual, con ciertas intermitencias donde apenas caía una ligera llovizna, frente a otros segmentos donde la intensidad invitaba a detener la marcha, pues no se veía nada. Llegamos a La Vega y ya había pasado la lluvia. Una buena experiencia para la próxima.