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Un “funeral de estado” en Puerto Plata para don Hugo González López

Ultima Actualización: viernes, 26 de febrero de 2021. Por: Maria Amelia Finke Brugal

Por: María Amelia Finke Brugal

Mi artículo de esta semana, espero les interese y les guste.


Puerto Plata ha sido testigo de funerales importantes de los que tenemos referencias bibliográficas, muchos han sido multitudinarios, algunos de grandes emociones y tristezas; el de don Hugo González fue único: fue un homenaje espontáneo de una gran parte de la población para celebrar su encuentro con el Señor. Por los detalles que lo distinguieron, se podría fácilmente pensar que don Hugo era un alto dignatario de la iglesia, pero en realidad él fue un laico muy comprometido, un “grande contribuyente”, dispuesto a responder siempre al llamado de la iglesia y de los diferentes grupos que la conforman. Además, estuvo siempre presente para respaldar las necesidades de la comunidad, de sus amigos y sobre todo para complacer y disfrutar de su familia.

 

La música y el evangelio fueron una constante en su vida, al igual que lo fueron en sus honras fúnebres. A las 11 de la noche del día de su muerte inició el velatorio con la lectura de la palabra que dio paso a una velada íntima donde sus hijos, nietos, hermanos y amigos disfrutaron de canciones, testimonios, muestras de cariño, como si estuvieran en una de las frecuentes reuniones que disfrutaba la familia González. De esta forma se da comienzo al homenaje a un hombre que fue un filántropo de este tiempo y un munícipe a la antigua.

 

El coro de los González con lágrimas en los ojos y recuerdos amorosos que confortaban el corazón entonó canciones que le gustaban al difunto, acompañado por Nino Hernández en la guitarra y Enriquito Pichardo al bandoneón. Además de la serenata, durante la noche se ofrecían testimonios sobre su vida. La humildad, fue la cualidad de don Hugo destacada recurrentemente en toda esta actividad mortuoria, fue señalada por Nino, quien decretó que “su humildad lo hizo grande”. Lourdes González, en la voz de su sobrina Elsa María, lo describió como “callado pero alegre” resaltando “esa sed insaciable de ayudar a los demás” y declaró: “El cielo está de fiesta, ¡pues un ángel más ha llegado a su casa!”

 

En la mañana siguiente el cuerpo fue trasladado a la Catedral San Felipe para continuar el velatorio, algo único, nunca visto en Puerto Plata en esta época.

 

Al llegar el cuerpo a la Catedral, hubo repiques de campana y una vez dentro, Monseñor Julio Cesar Corniell Amaro, Obispo de esta Diócesis, procedió a la lectura de la palabra y luego al encendido del Cirio Pascual. Como para hacer juego con la sobriedad y religiosidad de su persona, don Hugo murió en cuaresma, por lo que el único toque de color en la Catedral era el solideo de Monseñor.

 

Los representantes y abanderados de la Fundación Luisa Ortea y del Hogar de Martina empezaron los honores. La guardia por turno de los abanderados de diferentes instituciones educativas en el altar revelaba la connotación oficial espontánea que para el pueblo tenía este acto. El día estuvo repleto de muestras de respeto y cariño para don Hugo. A las canciones del Coro KAIVOS coordinado por el Padre Edward Guilbert se unieron las voces de los presentes. Había además representantes uniformados de la Cruz Roja y los Bomberos.

 

Don Hugo enseñó con el ejemplo, por eso sus descendientes también se han involucrado en los diferentes grupos de la iglesia, los cuales dijeron presente para despedir al hombre que apoyó siempre sus diferentes actividades. El movimiento Emaus, donde se congregan sus nietos Kleria Verónica y Hugo José; la Comunidad Siervos de Cristo Vivo, a la que pertenece y fue una de sus fundadoras su nuera Deyanira; el grupo de jóvenes NAIM, del cual forma parte su otra nieta Marcel y el grupo del “Corazón de Jesús”, entre otros, hicieron guardia de honor frente al féretro en todo momento.

 

La misa de cuerpo presente fue presidida por dos obispos: Monseñor Julio Cesar Corniell Amaro y Monseñor Gregorio Nicanor Peña Rodríguez siendo este último quien la ofició; participaron 14 sacerdotes y dos diáconos, la lectura del evangelio fue realizada en latín por el padre Edward. El Coro Diocesano fue el encargado de la música y las canciones de la misa, y para finalizar una soprano interpretó el Ave María.

 

Como es ya una costumbre, un miembro de la familia, en este caso su nieto Hugo José, se dirigió a los presentes y en un tono de conversación cariñosa e íntima dio las gracias, en especial a “Pa’Hugo” por su amor, su compresión, solidaridad, humildad, benevolencia, pero sobre todo por sus enseñanzas entre las que destacaba en primer lugar, inculcar en su familia el tener a Dios como el centro su vida. Además, resaltaba como parte de su aprendizaje que “lo importante no es brillar sino iluminar”, frase lapidaria que refleja la cualidad recurrentemente resaltada: su humildad.

 

Maireni Bournigal también tomó la palabra para recordar las cualidades de don Hugo. Lo catalogó como una “persona excepcional” destacando que “sus virtudes estaban muy por encima de lo normal en un ser humano”. Subrayó su compromiso familiar y su excepcional trayectoria profesional. Expresó que don Hugo fue un ejemplo para varias generaciones, fue un hombre honesto, prudente y austero, que, aunque disfrutaba muchísimo la música clásica, la lectura y compartir con su familia, su mayor pasión era ayudar a los demás, por lo que él lo consideraba el “campeón del altruismo, la filantropía y el desprendimiento”.

 

Como si de otro homenaje póstumo se tratara y en consonancia con el exquisito gusto musical de don Hugo, en la Catedral la noche antes de sus nueve días se disfrutó de la exquisita función de la obra Stabat Mater, ofrecida en su memoria, agregándose a la lista de características que hacen de éste un funeral único.

 

Como buenos cristianos, en especial los pueblerinos, durante nueve días se celebra una misa, en este caso cada una fue oficiada por diferentes amigos sacerdotes. La primera fue celebrada por el padre Cabello, quien no pudiendo estar presente en las honras fúnebres, con mucho amor evocó sus momentos juntos y dio testimonio de la profunda amistad que los unió.

 

Al cabo de los nueve días, al terminar la misa, su hijo Huguito, en nombre de su hermano José Carlos - Ko - y su familia, resaltó la sencillez de don Hugo y agradeció a la iglesia, sus comunidades y al pueblo de Puerto Plata por el respaldo, la solidaridad y las muestras de cariño que le habían manifestado.

 

Un día después de cumplir sus 85 años, el 5 de marzo del 2016, retoma don Hugo González López la vida al encontrarse en la presencia de Dios, las muestras de cariño y respeto ofrecidas durante sus honras fúnebres hicieron que Federico Richelli al llamar para lamentar la partida de don Hugo y al conocer los detalles del funeral lo catalogó como “funeral de estado puertoplateño”, sin saber que el Concejo de Regidores, mediante la Resolución No. 11-2016, había declarado luto municipal, como corresponde en estas circunstancias y para dar validez a su categorización.

 

María Amelia Finke Brugal

Al cabo de 5 años.

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