Puerto Plata Covid-19 | 08/08/2020 | Infectados 1269 | Fallecidos 65 | Recuperados 581 | Click Para Más detalles

Las Elecciones

Ultima Actualización: miércoles, 01 de julio de 2020. Por: José Escaño

Por: José Escaño

A una semana de la celebración de las elecciones presidenciales y congresuales, los dominicanos con derecho al voto tendremos la oportunidad en el caso de lo presidencial, de elegir al candidato que a nuestro juicio debe ser el Presidente, Gobernante o Mandatario que durante cuatro años (2020-2024), será el responsable de dirigir los destinos de la nación.

El domingo 5 de julio los ciudadanos votantes, estaremos de pies desde tempranas horas de la mañana con cédula en manos, mascarillas puestas y a un distanciamiento necesario a la espera de nuestro turno para con civismo, ejercer el voto a favor de quien nos dicte nuestra conciencia y que a nuestro entender podría ser lo más favorable para los dominicanos.

Es deber ineludible de todos los ciudadanos, interesarse y preocuparse por la elección de la persona que ha de dirigir los destinos de nuestra República, en este caso el Jefe de Estado de quien dependerá la buena marcha y el progreso ascendente del país y el respeto y garantía de los derechos ciudadanos y la libertad individual y colectiva.

Sin embargo, muchos ciudadanos, decentes, honestos, representativos de amplios sectores de la opinión pública, se abstienen de participar con su consejos y actuación en las campañas cívicas para elegir a los mejores, más capacitados y más honestos ciudadanos para dirigir los destinos de la nación, alegando que la política es muy sucia y sin entrañas para que ciudadanos dignos y decentes se mezclen en ella. Y así, con esas absurdas ideas permiten que los forasteros y ambiciosos triunfen a base de osadía.

La difamación y los insultos en la propaganda política es obra de los que carecen de razones para convencer; de los que carecen de un programa de principios que ofrecer; de los que con su insultos demuestran palpablemente, de una manera clara y evidente, que no tienen capacidad, ni educación, ni moral para representar a un pueblo trabajador, decente, honrado y digno en las altas magistraturas del Estado.