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Operación Atarraya

Ultima Actualización: jueves, 11 de junio de 2020. Por: Ramiro Francisco

Por: Ramiro Francisco

En mis años de infancia, esos en que la fantasía hacía de las suyas con los niños, solíamos cuando no estábamos en las aulas, caminar, correr por toda el área de playa que nos “tocaba” por entonces.

Todo ese litoral desde la cercanía a la Fortaleza donde hoy funcionan las termoeléctricas y donde se construyó una famosa goleta de entonces conocida como La Mary, hasta Playa Grande cruzando La Boca del rio San Marcos.

En los cercanos barrios de entonces, Los Callejones (Ens. Dubocq, Los Rieles y Playa Oeste) residían obreros portuarios, albañiles, carpinteros y unos que otros pescadores en yolas.

En los recodos de nuestra atrofiada memoria llega a nuestros recuerdos el nombre de Domingo Reyes (el hijo de Gu) matriarca de la calle 2, quien tenía una yola y a veces, le daba “una vuelta” a los tigueritos, que no pasaba de la cercanía donde amarraban la pequeña embarcación que servía de práctico o guía y que diestramente manejaba un señor de poco hablar que solo conocimos como Lulú.

Algunos residentes en las barriadas mencionadas eran diestros con el uso de la Atarraya. Conocida también como Tarraya, rail o esparavel.

Siempre en los pueblos costeros, se ha usado esta forma de pesca en la orilla a poca profundidad.

Ya conocerá el lector alguna persona diestra en esta forma de pesca. Otras, se especializaban en la confección de las mismas, que incluían necesariamente una hilera de pesas o plomos.

Cuando resaltamos la destreza, es que hay que soltar al mismo tiempo la red desde la mano y la boca a donde también se lleva, para una mejor apertura y coordinación de la Atarraya.

Precisamente, eso fue lo que no tuvo, o se le olvidó a Caco e Peje vecino del lugar, que no soltó a tiempo el plomo llevado a la boca y le arrancó dos dientes.

Con el tiro de la Atarraya, podía agarrase un buen cardumen de lisas de tamaño diferente u otras especies. A veces el lance era infructuoso y no se agarraba nada.

Ahora en esta jornada de campaña electoral, son muchas las Atarrayas que se lanzan a espera de captar votantes o adeptos desde todos los Arcoíris.

En esta Era Digital, los peces detectan movimientos por más sigilosos que sean. Se mueven, se dispersan y hasta vuelan para no servir de presas…y la Atarraya regresa vacía.