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UN PLD PARA EL SIGLO XXI

Ultima Actualización: jueves, 24 de julio de 2014. Por: Juan Yamil Musa

Parte de la responsabilidad política del Partido de la Liberación Dominicana ha sido asumida por parte de sus dirigentes.

Por: Juan Yamil Musa
 
El Partido de la Liberación Dominicana, hoy más que nunca, debe hacer consciencia de la responsabilidad que posee sobre sus hombros. El PRD, baluarte de la democracia en el pasado siglo, ha sucumbido, y con él, el juego político de contrapesos. Es cierto que el PLD supera, en calidad y cantidad, las propuestas ideológicas que representan mejores opciones para la República Dominicana, en aras de conseguir mejores niveles sociales, educativos y económicos, pero el escenario en que esto sucede se hace ante la ausencia de un sistema sano de competencia política. No confundamos: el fin de la política es el poder y su correcta utilización en favor de la sociedad, aspiración que el PLD ha sabido alcanzar, y seguirá haciendo por mucho tiempo, pero su presencia prácticamente solitaria en el presente escenario, le adicionan nuevas responsabilidades que deberá asumir con entereza, máxime cuando sectores de la oposición (si existe) utilizarán esta realidad para confundir a la población indicando que estamos ante la presencia de un sistema de ¨partido único¨, cuando en esencia, nos encontramos con un único partido operante. No es lo mismo. El juego de las palabras tiende a confundir. En un sistema de partido único, se trata de la imposición política de una organización eliminando a sus opositores mediante vías no democráticas. Aquí se trata, de que en nuestra democracia, hay un solo partido que ha sabido responderle a la sociedad, y sus opositores han sido incapaces de alcanzar tales logros. 
 
Parte de la responsabilidad política del Partido de la Liberación Dominicana ha sido asumida por parte de sus dirigentes. El PLD, de manera general, ha pasado por tres procesos históricos. En una primera fase, el PLD se dedicó a reproducir a todo lo largo y ancho de la geografía nacional su propuesta programática. Desde su nacimiento en diciembre del 1973, hasta el triunfo electoral del 1996, durante 23 años, se dedicó exclusivamente a presentarle a la sociedad las ideologías que Juan Bosch tenía. Es en este  primer proceso, de gestación, donde se establecen las bases sobre las cuales el PLD de hoy se encuentra cimentado. Una segunda fase procede tras el triunfo electoral del 1996 hasta la actualidad, donde, de los últimos 18 años, 14 han sido gobernados por el partido oficialista. Ha sido esta una clara señal de que la sociedad ha confiado en esta institución, y por ende, sus victorias electorales se han consumado con más del 50% de los votos de los dominicanos, sin dejar espacios a dudas sobre su principalía. 
 
Ahora, nace una tercera fase para el partido fundado por Bosch, donde, ante la ausencia de propuestas de parte de las demás fuerzas políticas, ésta se ve obligada a seguir gobernando con una pesada, y a la vez delicada, responsabilidad social e histórica, y es la de continuar dirigiendo los destinos de la nación, esta vez, permitiendo que a lo interno de sí, se reproduzcan los factores que en la totalidad del sistema democrático, diversos partidos están llamados a realizar, cuestión que ante la ausencia de los mismos, deberá hacer de manera particular: permitir mayores niveles de democracia interna, renovación, autocrítica, exigirse a sí misma mayores niveles de transparencia, y sobre todo, salvar la democracia de nuestro país. El rol del PLD en esta tercera fase, se consigue respondiendo a las siguientes cuestiones: ¿Cómo salvar la democracia siendo la única institución política (de facto) en la República Dominicana? ¿Cómo cumplir con una sociedad que esperaba de todos los partidos políticos, mejores estándares sociales y económicos, y a partir de la fecha, será el PLD el responsable de lograrlo? ¿Cómo responderá el PLD ante esta nueva, pesada y alta responsabilidad? Es decir, las metas que toda sociedad legítimamente aspira tener, mediante la presencia de diversos partidos políticos, se conseguirán en esta etapa de nuestra democracia, mediante el PLD.  
 
El PLD debe evitar sucumbir en el intento. Históricamente ha logrado sus objetivos, y en esta ocasión no puede darse la excepción, porque no solo fracasa la institución, sino el país. Ya las consecuencias del Partido de la Liberación Dominicana, no afectarán solamente a dicha organización, sino al país. Es hacer acopio de esta importancia lo que necesita el PLD. Sus líderes han sabido liderar a los miembros de dicha organización. Desde el Estado, los gobiernos del PLD han permitido alcanzar mejores niveles educativos, sociales, culturales y económicos. Es un partido que ha alcanzado un importante grado de madurez, razón por la cual permanece como la institución partidaria que funciona en términos reales. Por ende, fallar no debe. 
 
En los hombros de sus líderes descansa el porvenir del partido. Está llamada la institución a redefinir su norte, salvando los principios que Bosch inculcó. Esta tercera fase, cual metamorfosis de Kafka, definirá indudablemente su futuro. Necesitamos un PLD para el siglo XXI.