Nos acompañaron Eduardo, del club  Manatí y Nataniel, de Halcones de Bonao. Éramos cuatro almas deseosas de rodar. 

 

Subimos los cinco kilómetros de tierra, piedra una bendición para los monteadores y un problema para los lugareños que deben bajar a la ciudad por esa carretera cada día.

 

Llegamos a la carretera hacia el Cupey  y tomamos el camino hacia Barrabas.

 

Aun no he preguntado el por qué del nombre del lugar, pero el trillo  es fresco por su altura y hermoso por la impresionante vista de una verde foresta natural.

 

El americano me enseñó una ruta nunca antes conocida, la carretera vieja Puerto Plata Santiago. Hoy, es un bello camino como si nos dirigiéramos al paraíso o estuviéramos flotando  entre la realidad y lo sobre natural, es todo un pasto verde cubriendo lo que un día fue un camino, con miles de árboles de eucalipto que con su belleza y aroma hacía aun más espiritual el camino.

 

La música venia de los copos de los árboles y nos encontramos solo con algunos animales que pastaban con un paz especial. 

 

Paramos varias veces para captar estos momentos, poder  compartirlo, cada una de estas fotos destila aroma y suenan el canto de los pájaros.

 

La belleza del lugar anestesiaba los veinte kilómetros que habíamos recorrido solo de subidas. Además  de las tomas de fotos, las conversaciones compartidas con un poquito de historia entremezcladas con planes futuros y una compañía excepcional.

 

Gracias Americano por ser tan especial!!

 

(Colaboración de: Tania Imbert).