PUERTO PLATA.- Decenas de niños y jóvenes haitianos acosados por la pobreza presente en su país, se han desplazado a poblaciones de República Dominicana en busca de mejores condiciones de vida, muchos de ellos, deambulan por las calles de localidades turísticas como es el caso de la provincia de Puerto Plata donde son victimas de redes de explotación laboral y sexual.
 
Un ejemplo de ello, es la adolescente Josephine de apenas 13 años quien recuerda con la nostalgia reflejada en su rostro, que fue reclutada en Dajabón por una señora llamada Cristal Martínez, la cual a bordo de un cómodo vehículo la transportó hasta el pueblo turístico de Cabarete donde empezó a trabajar como domestica y que un mes más tarde fue echada de la casa, por lo que no le quedó otra alternativa que dedicarse a la prostitución para poder sobrevivir.
 
Los jovencitos Jean Claude y Yeronet también abandonaron la ciudad fronteriza de Juana Méndez, al lograr introducirse en la parte trasera de un camión lleno de pacas de ropas y tejidos usados, el cual no fue requisado por los guardias en el puesto de chequeo, ya que según dijeron, el conductor del mismo le pasó varias papeletas a los militares lo que refleja la componenda de las autoridades en el trafico de personas.
 
Asimismo los limpiabotas Tigasón, Jean Batiste y Joseph  forman parte de  un grupo de niños haitianos que son explotados de manera temporal por traficantes de personas quienes los obligan a trabajar para después arrebatarle el dinero que consiguen, no dejándole ni para comer, por lo que tienen que mendigar bocados de alimentos frente a los restaurantes y duermen a la intemperie en los bancos de plazas publicas o en las galerías de viviendas abandonadas en el centro histórico de Puerto Plata.
 
Estos jóvenes son victimas de una red integrada por dominicanos y haitianos, que de acuerdo a un informe de la Organización Mundial para las Migraciones (OIM), al menos 2,000 niños haitianos cruzan cada año la frontera con ayuda de traficantes, quienes a través de soborno a las autoridades (Ejercito, Policía y Migración) transportan los mismos por las comunidades El Papayo, Buen Hombre, Estero Hondo, Laguna Grande y La Ensenada, poblaciones estas que son limítrofes entre las provincias norteñas dominicanas  de Puerto Plata y Montecristi .
 
Ya en el territorio dominicano los menores haitianos son obligados a limpiar zapatos, cristales de vehículos, vender dulces, maní o simplemente pedir dádivas a cualquier transeúnte, el fin es reunir las cuotas diarias que les imponen los cabecillas del lucrativo negocio que tras la tragedia del terremoto del 2010 se ha incrementado en
Puerto Plata y otras comunidades.
 
Estos niños y adolescentes haitianos agotan largas horas de trabajo que tienen que cumplir por la imposición de los cabecillas del la red de explotadores quienes tienen un lucrativo negocio sin tomar en cuenta el factor humano de estos menores que al abandonar su país viven como pedigüeños, sin tener un techo, conviven como las hormigas en pequeños grupos, sin ninguna seguridad, duermen en el piso de las glorietas de los parques o en las galerías de viviendas abandonadas. De acuerdo a las investigaciones realizadas por este redactor, otra modalidad de explotación a los niños haitianos son sus propias madres, quienes con criaturas recién nacidas en brazos y menores de tres años, se desplazan como pedigüeñas desde Navarrete, municipio de Santiago, hasta las calles de Puerto Plata, Sosúa y Cabarete donde se ubican en los semáforos y en las afueras de establecimientos comerciales a pedir  dinero a las personas.
 
Las madres pedigüeñas haitianas están siendo utilizadas por una red de explotadores supuestamente se establecen en Navarrete, distribuyéndolas a otros puntos de la región donde agotan una rutina álgida y en la noche regresan a llevar lo recolectado durante el día, haciendo del pedigüeñismo un negocio redondo que muchas veces cuenta con la complicidad de las autoridades quienes optan por hacerse de la vista gorda.