Las visionesapocalípticas de Juan Ventura se distancian de lo narrativo, y también de todaanécdota, y aunque plenamente enraizados en su contexto epocal, contemporáneo,su ámbito más propio no es el del tiempo lineal, sino en el del límite dondeeste termina, para acceder a la intemporalidad del mito.
En ese sentido, laabstracción se asemeja a la pintura medieval, donde la expresión de lo sacro esinseparable de una descontextualización espacial, que, ajena a la perspectiva,da paso a la experiencia de la conciencia pura y nos desvincula de lapercepción del mundo.

A Ventura le impacta, sobre todo, ese fondo de angustia queparece signar a la conciencia contemporánea, la omnipresencia de loescatológico, y la del sentido del límite, de los finales. Una cierta obsesióncatastrofista, alimentada por los medios de comunicación, y la experienciacotidiana del cambio constante, que, aunque de paso a lo nuevo, hace de la vidadel hombre contemporáneo una perpetua despedida y un permanente cambio de piel.El terror nuclear, la guerra, las tensiones económicas y sociales, el saqueo delos tesoros de la tierra, la crisis medioambiental no se aluden aquí de maneradirecta, pero sabemos que están aquí tan presentes como la tradiciónmilenarista que nos advierte de la llegada del fin de los tiempos y que noabandona al inconsciente colectivo aun cuando la conciencia no los tengapresente.

La abstracción ha sido, desde los años cincuenta, unaconstante en la pintura dominicana, de modo que las influencias más efectivashan sido las del expresionismo abstracto y el informalismo español, con muypocas excepciones que se han volcado hacia la geometría. Pero, por otra parte,la mayoría de los artistas vuelven rápidamente a la figuración después de loque no pasa de ser un experimento que posibilita un cambio de lenguaje, y eldesarrollo de unos recursos expresivos que pronto se aplican a una iconografíaneofigurativista. Y en todos los casos, el expresionismo parece ser la vía porla que la mayor parte de nuestros artistas encuentran su camino.
.jpg)
En el caso de JuanVentura la opción abstraccionista ha sido asumida de manera consecuente, y esla que mejor traduce su sensibilidad introspectiva y apasionada. Loapocalíptico como drama y como revelación emerge con luz de relámpago en estaspinturas intensas y emotivas, donde tanto el color como la luz, a través de laelección de claves tonales basadas en el contraste, se muestra como la esenciadel momento presente, como una llamada a la lucidez, pero también como unaconstante tranhistorica del espíritu humano, en tanto que la tarea fundamentalde la conciencia es iluminar sus propios límites, y conquistarlos.
El lenguaje visual de Ventura está conformado por lapincelada yuxtapuesta, por el brochazo enérgico, el goteado, el craquelado y latransparencia, y juega con todos estos elementos oscilando entre el brío y lacontención. Esto es visible, sobre todo, en la manera en que se apropia delespacio, de maneras tanto centrípetas como centrifugas, condensando las formasen el centro o en franjas o expandiéndolas para ocupar todo el lienzo, de unmodo que nos hace suponer que las fuerzas allí contenidas están prestas aestallar, y a expandirse indefinidamente como un Universo después del Big Bang.
De modo que el Final se enlaza con el Principio. Porque yano hay tiempo, porque todo se ha consumado. Seria, quizás, esta pintura, laforma contemporánea del "Vanitas " barroco, o del " MementoMorí", como un llamado y una admonición.
Dra. Laura Gil Fiallo