El administrador del monumento recibe de inmediato a los visitantes y explica las medidas de precaución que se deben tomar antes del paseo, para darles un adelanto de las emociones que están por vivir: “Es preciso ponerse un chaleco salvavidas, casco protector, zapatos de goma y pantalón corto que no sea en tela de jeans”, dice Roberto Gómez.

 

Con todo el atuendo listo, se inicia el recorrido cruzando un puente flotante sobre el río Bajabonico. A seguidas, el trinar de decenas de aves y el espectáculo que forman los rayos del sol que se cuelan por la frondosidad de los árboles hacen especial el trayecto que lleva al primer charco. Este monumento, con una extensión aproximada de seis kilómetros, es la carta de presentación cuando se habla de ecoturismo en Puerto Plata.

 

Entre saltar, nadar y deslizarse por los toboganes naturales se llega al charco número 27, la máxima expresión de la belleza de este capricho de la naturaleza. Gómez explica que en el 2006 se estableció un consejo de co-manejo entre el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales y la Asociación de Guías Salvavidas del Río Damajagua.

 

Apunta que trabajan en la elaboración de rótulos que identifiquen las más de 300 especies de plantas que existen en el lugar y las especies que conforman la fauna, entre ellas seis aves endémicas (barrancolí, chicuí, cigua palmera, carpintero y paloma coronita). “El Taira” es uno de los guías turísticos más antiguos, a pesar de su juventud. Como la mayoría de los que guían el paseo, es nativo de la zona y creció bañándose en el río Damajagua. Se mueve en la corriente como “pez en el agua”.

 

Conoce cada rincón de la cueva y la longitud de cada profundidad, sabe dónde se puede avanzar nadando y en qué tramo se puede caminar. Su dirección es primordial para los visitantes, en especial para los que no saben nadar, porque él se encarga de ayudarlos.

 

El río Damajagua es resultado de la confluencia de numerosas cascadas y manantiales que nacen en las cimas de las montañas de los municipios Altamira e Imbert, de Puerto Plata.

 

ADRENALINA

 

Pasar de un charco a otro se convierte en un reto. Y entre maniobras para subir las grandes rocas que separan los saltos y admirar el espectáculo que sólo la naturaleza puede ofrecer, transcurren tres horas y media, hasta completar el viaje. Para comunicarse con el Centro de Recepción de Visitantes: (809)250-4200. Más de 40 mil personas visitan al año este lugar.

 

REGLAS

 

Los charcos sólo pueden ser visitados de 8:00 a.m. a 3:00 p.m (el horario es estricto). El costo por visitar del salto uno al siete es de RD$250.00; del 7 al 12, RD$290.00 y RD$490.00 del 12 al 27. Están disponibles en renta casco protector, chaleco flotante y un par de zapatillas de gomas por RD$50.00. Para los que saben nadar es más fácil emprender esta aventura.

 

Damajagua es un vocablo taíno con el que se nombra a una especie de árbol que crece a orillas de los charcos. Esta planta mantiene el río con mucha agua durante mucho tiempo y se pueden encontrar especialmente desde el charco número doce en adelante.

 

Fuente: www.elcaribe.com.do