La reciente noticia de que el ministro de Turismo pagó un viaje a Colombia a los principales dirigentes de la asociación de vendedores de artesanías del teleférico dice mucho de la sagacidad política del funcionario.

 

Popularmente, como ya ha apuntado el periodista Edgar Lantigua en su columna de Listín Diario, se trata de “tras de un bobo”. En los anales de la política provincial no se había visto una forma tan peculiar de amilanar conciencias.

 

Algo similar ocurre con los invitados a Fitur. ¿Cómo decir lo que se tiene que decir si te han pagado unas vacaciones o varias de ensueño en el viejo mundo? ¿Cómo, si no, podría mucha gente viajar a Europa si no es a costa de su propia conciencia?

 

Los gobiernos se han especializado en comprar voluntades. El propio Guido Gómez Mazara ha dicho que hay miles de millones gastados en publicidad y, agregamos, en estrategias para tratar de hacer ver lo que no existe.