Señalé que “allí se da paso a proyecto tras proyecto de vivienda sin que se observe la más mínima consideración para los espacios verdes” y me preguntaba:

 

“¿Dónde quedan las áreas verdes? ¿Dónde los espacios para los niños? ¿Dónde el respeto por los acuíferos de la zona? ¿Cómo se compensará la pérdida de aquellos montes y el daño infligido al medioambiente en todos los sentidos?”.

 

El hecho es que por allí corre el río Ozama; que por allí todavía sobreviven pequeños cursos de agua que confluyen en ese río fundamental de la Capital y que son indispensables para el drenaje de la zona, pero que están contaminados, abandonados a su suerte y en peligro de desaparición.

 

El Ozama, además, bordea casi todo el Mirador Norte, uno de los pocos pulmones que van quedando a la Capital para el disfrute de la ciudadanía y que, por cierto, es digno de mejor suerte y merecedor de un tratamiento particular por el Ministerio de Medio Ambiente.

 

En resumen, que se requiere urgentemente un plan que impida el daño que se inflige a toda aquella zona del Santo Domingo Norte. Un plan que involucre a la ciudadanía, a las escuelas, al Cabildo y a todas las instituciones del lugar…

 

Que limpie los riachuelos; que impida que sean vertederos de basura que luego es llevada al Ozama por los aguaceros; que reforeste todo el desierto que van dejando los constructores indolentes; que dé seguimiento y acompañe a los pequeños negocios recicladores de desperdicios para que no sean parte de la amenaza contra el entorno…

 

Fuente: www.perspectivaciudadana.com