Tal y como hemos podido leer en el devenir del tiempo en lo que han dejado plasmados los críticos, en la gran obra maestra de Gabriel García Márquez “Cien años de Soledad” que relata el origen, la evolución y la ruina de Macondo, una aldea imaginaria estructurada como una saga familiar que narra la historia de la estirpe de los Buendía que se extiende por más de cien años, y cuenta con seis generaciones para hacerlo.
 
“La crónica de los Buendía, que acumula una gran cantidad de episodios fantásticos, divertidos y violentos, y la de Macondo, desde su fundación hasta su fin, representan el ciclo completo de una cultura y un mundo. El clima de violencia en el que se desarrollan sus personajes es el que marca la soledad que los caracteriza, provocada más por las condiciones de vida que por las angustias existenciales del individuo”.
 
El realismo mágico de esta novela que hizo posible que la objetividad de la vida material fuese matizada por la subjetividad de la fantasía recogido en síntesis en este relato de una novela majestuosa que nos sitúa en contextos que podemos extrapolar a la realidad actual de Puerto Plata, acompañada de las vivencias que nos han dejado legados  que podemos comparar con la realidad que normó en la creatividad del escritor García Márquez cuando plasmó esta obra espectacular.
 
Cuando comparamos el Puerto Plata del siglo pasado en todas y cada una de sus vertientes y manifestaciones políticas, económicas y sociales, nos quedamos pasmados como en el hoy, a 13 años del nuevo siglo, nuestra ciudad vive un proceso regresivo, decadente e involutivo, cosa esta que nos sitúa en el análisis de una reinversión de su realidad, que pocas veces ocurre en el mundo.
 
Como si se hubiese congelado la vida, caminamos por las calles de un pueblo que otrora exhibía un patrimonio arquitectónico monumental y exuberante, y hoy contemplamos estructuras arrasadas, que denotan la abulia, el cansancio la desazón de un pueblo, que se motorizó con el turismo, y que al perder éste su esencia, dejó que le robaran sus expectativas.
 
Estamos como en Macondo, dejándonos comer por la inseguridad, la violencia, el microtráfico, el lavado de dinero y actuamos con una indiferencia frente a las terribles inconductas que utilizan nuestras autoridades, burlando así sus propios lemas de ocupar un espacio público para servir con transparencia,  honestidad y devolverle al pueblo, en servicios bien estructurados, el voto que depositó confiando en sus promesas.
 
 
Como en Macondo, el realismo mágico se hace patente y cuando aparece un remeneón, que involucra la desazón de la gente frente a un futuro impreciso, poco viable y en un claro oscuro poco fiable, en vez de abocarnos a discutir con un concepto crítico,  lo que se acude es a desinformar, a descalificar y a endilgarle culpas y tremendismos conspirativos contra el destino, a los medios de comunicación que asumen la responsabilidad de hacerse co-partícipes, con sus denuncias, el motivar al gobierno a que actúe y a los poderes fácticos locales a que asuman su responsabilidad, para que la reactivación económica  y la esperanza vuelvan de nuevo a prevalecer en la vida y en la evolución de los/as puertoplateños/as. 
 
 
 
 
Como en Macondo, nos convertiremos en la ciudad de los espejismos, si no nos unimos a luchar por nuestra salvaguarda y todo lo escrito en los pergaminos se extinguirá y por tanto, no tendremos una segunda oportunidad sobre la tierra.