Así comenzó, la lucha por el 4% para la Educación dominicana. Protestas pacíficas, vestimentas negras o amarillas, pancartas y letreros alusivos a la lucha, banderines, sombrillas, dos personas aquí, tres allá, cien más allá.
 
Sin quemar gomas, ni lanzar piedras, casi silenciosamente…se regó la “pólvora” por todo el país, y fueron muchas las provincias, donde se realizaron manifestaciones de esa naturaleza.
 
Ciudadanos conscientes, profesionales de diferentes carreras, gente sencilla del pueblo llano, hicieron suya esos reclamos, muchos de ellos salían a la calle por primera vez en su vida a reclamar algo que consideraban justo. Abrieron sendas, dejaron huellas.
 
Muchos, políticos y religiosos, le llamaban vagos, inútiles o seguidores desfasados de tal o cuál organización política sobre todo, de las llamadas emergentes.
 
 Nada los detuvo, ni la presencia militar o de la policía, ni la escasa difusión, que en principio se les dio en los medios convencionales.
 
El resultado está ahí. El árbol da sus frutos.
 
Ante las pretensiones de muchos legisladores de reformar el Código Procesal Penal, donde si bien es cierto a decir de expertos, que se ameritan cambios en algunos articulados, han introducido “por debajo de la mesa” una aberración contra el Art. 85.
 
Hay situaciones y condiciones que uno no entiende. No pretendemos saberlo todo ni siquiera entenderlo…pero se nota como la existencia de un miedo, de un me “van a agarrar”, y hay que hacer todo lo posible para que eso no llegue a materializarse.
 
Y…otra vez, esos “locos, vagos e inútiles”, están en la calle. Con una prenda o vestimenta negra, reclaman no a la impunidad y un basta, a la corrupción.
 
¿Acaso es algún pecado? ¿Hay alguna ofensa? Los corruptos tiemblan, aunque digan a la prensa que duermen  ocho y nueve horas.