Por: Ramiro Francisco
Dos importantes actividades que buscan el despertar, el renacer turístico de Puerto Plata, se realizaron aquí hace apenas horas y de las que podemos aprender importantes lecciones.
Nos referimos a la Cumbre Turística organizada por ADOMPRETUR y la transmisión radial hecha al país a través de la Z-101, dando a conocer todos nuestros recursos que ofrecemos al visitante. Esta última, dedicada al radiodifusor Don Waldo Musa.
No pudimos asistir a una y otra por razones muy valederas principalmente de trabajo. Eso sí, casi todo cuanto ha sido publicado en nuestros periódicos digitales o no, le hemos dado una miradita.
Nadie mejor que nuestros actores en diferentes áreas, para conocer a profundidad y plantearlo si quieren, los retos que tiene Puerto Plata para elevarse sobre sus propias cenizas si aceptamos la positiva leyenda del Ave Fénix.
Se engañan y creen que embaucan a otros, quienes por pretender estar bien con todos, consideran pecado capital decir en público los problemas –algunos graves – que debemos enfrentar y solucionar al presentarnos como una ciudad turística.
Para muestra tres botones. Seguridad ciudadana, falta de una planta de tratamiento de aguas residuales y el grave problema del tránsito urbano.
Tiene razón el veterano periodista Aridio Perdomo al plantear durante su ponencia en la Cumbre, que no se le puede poner bozal al comunicador cuando plantea o hace eco de alguna denuncia sobre determinado problema que afecta el desarrollo turístico de la zona.
¿Podemos acaso llamarle enemigo de Puerto Plata y contrario a su desarrollo porque dio a conocer la marcada falta de unificación entre los sectores público y privado para la elaboración de planes estratégicos?
¿Cómo pretendemos hermanarnos con los otros municipios, cuando no nos soportamos a veces por cosas sencillas?
Ciertamente, hay verdades amargas. Dicen los viejos que en medicina, las amargas son las que sanan.
Verdades que hacen despertar a gobernantes y gobernados. Y…existen verdades tan amargas, que mueven a celos, envidias, malquerencias y hasta el deseo de matar.
El caso ocurrido recientemente en la comunidad de Bayaguana, al este del país, es ejemplo de verdades que quitan sueños.