A Doña Ana y Renato Ferrero en Argentina con afectos,
 
Mientras uno más vive, más conoce. Conoce ciencias, nuevas tecnologías y verdades que  muchas veces nos obligan a rediseñar nuestros credos sobre todo, si todavía abrigamos en nuestra psiquis, la cada vez más escasa capacidad de asombro.
 
Decimos escasa, porque lo que ocurre cada día, por suceder cada día, ni caso le hacemos, no nos llama la atención al formar parte –así se piensa – de nuestra cotidianidad.
 
Es así entonces, que nos vamos acostumbrando a los robos y asaltos, atracos, corrupción, impunidad, narcotráfico, muertes violentas, femenicidios, intercambios de disparos, apagones, falta de agua, cólera (de las dos, enfermedad e ira), apatía de funcionarios y gobierno, inundaciones y damnificados, aumento de precios en muchos productos de la canasta familiar, y todo como si tal cosa.
 
Es como si permaneciéramos inmóviles e indiferentes al tratar cada quien, de salvar su pellejo, de no dejarse arrastrar por la corriente y observar desde lejos los acontecimientos políticos sociales que se dan en nuestro país.
 
Por suerte, no podemos permanecer por mucho tiempo soportando la picada de un mosquito sin siquiera realizar algún tipo de movimiento corporal.
 
Movimientos, marchas, manifestaciones, encendido de velas, bocinazos, al sonido de las cacerolas vacías no solo contra la reforma sino y contra la impunidad de aquellos que proporcionaron las causas de la misma.
 
Cientos de personas jóvenes en su mayoría, salen a las calles, plazas y parques, indignados  contra las acciones de legisladores y gobierno de apretar más la situación económica en la que malvive la mayoría de la población dominicana.
A esos, se les tilda de mediocres, delincuentes, y diablos. Desconocemos como se les llamaba a los jóvenes cubanos que desafiaron la dictadura de Fulgencio Batista, a los jóvenes de Venezuela que reclamaban a gobiernos anteriores a Chávez, el cambio de los techos a las casas de cartón.
 
No sé cuales epítetos se les endilgaba a los jóvenes que en Chile y Argentina abonaron con sangre la lucha contra Pinochet y las dictaduras militares de entonces.
 
No recuerdo, como les llamaban a las Mirabal y a tantos otros jóvenes por enfrentar a Trujillo y a Balaguer. Delincuentes, chusmas, chancletudos, desagradecidos, mal nacidos…no sé.
 
Y lo que es peor, tratan de desacreditar a todo aquel que sale a las calles a reclamar lo que consideran sus derechos y tratan por igual, de acallar más voces como siempre lo han hecho o han intentado. Tengan presente el caso de Nuria y Gutiérrez Félix.
 
Felizmente la idea del Cuco, se quedó en la mentalidad infantil junto a los cuentos de Hadas. Los “niños y niñas de hoy”, salen a buscar al Cuco para darle una pela. Eso es lo que preocupa al mismo Cuco y a sus sostenedores.