Todo el mundo luce envuelto en una vorágine de prisa cual si temiera que algo grande se acerca, que todo lo construido desde hace siglos podría desplomarse y por eso muchos; embargados de ese temor, aun persistimos en culpar a otros de ese futuro sombrío que nos asusta.
 
Persisten las iglesias en sus afanes de encubrir sus pecados de prostitución o pederastia con acusaciones y diatribas contra terceros, olvidando el compromiso evangélico de ser luz y sal de la tierra.
 
La vocación social por la política la transformaron los políticos de profesión, los políticos de oficio y los políticos negociantes en una actividad mercantil donde todos se compran o se venden y donde se vale todo, menos los intereses comunes de toda la sociedad, porque esto último parece ser más una lejana quimera que un objetivo de todos los hombres.
 
Los empresarios, comerciantes y demás sectores que componen el entramado económico y social de nuestro territorio, en aras de mantener o aumentar sus ganancias y capitales, proponen resolver sus crisis cambiando las reglas que los favorecen por otras que les sean más favorables, sin importarles el perjuicio de las mayorías que les generan sus riquezas.
 
En este mundillo dominicano, inundado de políticos, empresarios, funcionarios, sindicalistas, profesionales, comerciantes y militares traficantes se vislumbra un panorama oscuro e incierto, donde se augura la emergencia de una nueva sociedad en la cual serán llamados a dar su cuenta los traficantes de indefensos haitianos, los corruptos con uniformes y sin uniformes, explotadores insensibles y los delincuentes de saco y corbata y hasta aquellos que usan sotanas…
 
A todos parece que les está llegando el tiempo de pedir perdón…
 
Hasta pronto…