Vivimos el tiempo de las crisis en casi todas las actividades humanas  y sociales de la mayoría de países del globo, en especial aquellos donde se ha impuesto el modernismo de la industrialización tecnológica; es como si llegáramos a la cima de una enorme montaña de cosas perdidas, donde los humanos nos estamos despojando (o nos despojan) hasta de la confianza en nosotros mismos.
 
Como consecuencia de ese estado de conciencia social hemos visto a instituciones, personalidades, actividades y servicios que continuamente influyen en la vida cotidiana, perder de manera paulatina el espacio de confianza del que disfrutaban dentro de la sociedad, al punto de que hoy se les cuestiona cual si fueran grupos delictivos o actos y resultados de manejos ilegales alejados del interés colectivo.
 
Entre las expresiones de ese deterioro anímico de la sociedad que nos corresponde a los dominicanos, nos encontramos con las evidentes pérdidas de credibilidad que registran instituciones como la Policía, el Congreso Nacional, Organismos anti-drogas, funcionarios judiciales, médicos, medios y miembros de la comunicación social y hasta entidades religiosas, es como si en un abrir y cerrar de ojos hayamos perdido la esencia de  todo lo que nos rodea.
 
Todo ese panorama de desconfianza viene precedido de una crisis de sinceridad, porque es la conducta de todos los individuos que interactuamos en este estadio social, la que se ha visto encerrada en una nebulosa que distorsiona la visión desde los principios de autoridad y hasta los pilares morales en que se sustenta la sociedad, de forma que se han ido diluyendo los conceptos de transparencia que deberían ser evidentes en todo acto humano que realizamos o presenciamos.
 
La incredulidad social ha llegado a tal extremo,  que ya ni en los productos comestibles que se nos sirven podemos creer, ese es el caso del desayuno escolar, del Salami,  la leche,  las carnes y otros productos y servicios que por la forma poco transparente con que se suministran o se manejan, son merecedores de determinados niveles de desconfianza…
 
De todo eso se desprende el hecho de que nuestro propio presidente ha debido “poner a Dios como testigo de su sinceridad” a la hora de proponer medidas y correctivos para hechos de la cotidianidad…!