Lic. Ramiro Francisco
 
A veces, el arrastrarse puede salvar a uno la vida. Es parte del entrenamiento militar. Es todo un arte, arrastrarse con pesada mochila a la espalda, pistola y cantimplora al cinto, y un rifle o ametralladora en las manos.
 
Hay que saber arrastrarse y tener la suerte de en esa práctica, no encontrarse con una mina…
 
El arrastrarse politiquero, es otra cosa. Es cuando la persona –perdón- la persona no, porque en estos casos pierden la condición de personas y se convierten en serviles, bufones y arrastraos.
 
Son esos sujetos que soportan vejámenes, boches en público y humillación, a  politicuchos y minipolíticos, con tal de hacerles sentir bien y obtener de ellos una buena tajada al ser privilegiados con dádivas, obsequios y baratijas.
 
Hablamos del politicucho y minipolíticos, porque el político respetado, respeta a las personas y los trata como tal.
 
Nos dirán, que en el ejercicio del Periodismo ocurre casi lo mismo. Que los hay que se arrastran cual venenosa culebra hasta cumplir determinada misión sin importar consecuencias.
 
Son entonces, esos arrastraos de la comunicación que pueden tener muchos o pocos años en ejercicio, pero aprenden temprano que el ser “culebra y servil” tienen su precio y no lo piensan mucho para pertenecer a ese clan.
 
Quienes así actúan arrastrados en cualquier terreno ya pantanoso o seco, perfumado como jardín o fétido como letrina, suelen llamar luz a las tinieblas y tinieblas a la luz.
 
Se atreven a “matarse” verbalmente con cualquiera, con tal de cumplir su misión de reptil por la que se le paga.
 
Solo hay que tener buen juicio y aclarada percepción para encontrarlos escribiendo en revistas y periódicos, enquistados en programas de radio o televisión y también, cuando destilan su podredumbre de serviles al realizar llamadas a determinados programas alternativos.
 
Son aquellos que denigran y tratan de manchar honras y defienden con furia y pasión a sus amos, que les permiten coletear a sus anchas arrastrándose en el fango.
 
No son tan difíciles de encontrar. Su hedor les delata. Son serpientes parlanchinas.