El propósito de aparecerse en territorio dominicano buscaba que el gobierno dominicano se desdijera de su actitud frente al golpe de Estado que sacó a Manuel Zelaya de la presidencia de Honduras y acogiera las “elecciones libres” que allí se celebraron.

 

“Elecciones libres” que ganó un empresario favorable y favorecido por el golpe de Estado, llamado Porfirio Lobo.

 

La idea con la que quisieron engatusar a Leonel Fernández es la siguiente: “Las recientes elecciones en Honduras son una condición necesaria, pero no suficiente, por lo que hay que abrir un espacio de diálogo”.

 

La paternidad de tal idea se desconoce, lo que si sabemos es que EEUU, Costa Rica y Panamá inmediatamente apoyaron la “condición necesaria” que encarna Lobo y, Colombia, México y Perú van camino a adoptar tan necesaria condición ya que les resulta más que suficiente la celebración de "elecciones libres".

 

Es muy probable que la visita del empresario electo Lobo tuviera como propósito transmitirle al presidente dominicano su sincero convencimiento, de que nadie mejor que él, con canales de comunicación abiertos con Zelaya y otros presidentes latinoamericanos, encabezara o participara activamente en la construcción de ese espacio de diálogo.

 

El presidente dominicano habrá recordado –presumo- que el objetivo esencial del golpe de Estado de junio fue evitar que las elecciones del 29 de noviembre se celebrasen bajo el influjo de la presidencia de Manuel Zelaya. Y que lo que vimos después fueron puras maniobras para ganar tiempo sin ceder en lo esencial.

 

Objetivo que lograron. Es decir, que el golpe de Estado a Zelaya fue la "condición necesaria" para celebrar "elecciones libres" y las ganara el señor Lobo.

 

El viajecito de relaciones públicas de Lobo revela una verdad: el desprestigio y apuros de la derecha latinoamericana. Una derecha debilitada, aislada, sin propuestas viables ni sostenibles para enfrentar los desafios económicos, sociales y culturales de estos tiempos. Lo que no quiere decir inactiva. Siempre que pueda, lo intentará y, si puede, lo logrará, como ha sido el caso de Honduras.

 

La izquierda, en cambio, goza de prestigio y apoyo democrático porque ha sabido gobernar, por sus efectivas políticas de mantenimiento de la estabilidad macroeconómica, el ensanchamiento de sus mercados internos, por hacer prosperar a sus empresarios y mejorar los ingresos y la protección social de los ciudadanos y ciudadanas.

 

Precisamente esa izquierda democrática, mayoritaria en el Mercosur, reunida ayer en Montevideo, Uruguay, condenó “el ambiente de inconstitucionalidad, ilegitimidad e ilegalidad” que se vive en Honduras. Los presidentes del Mercosur, salvo los representantes de Colombia y México, manifestaron su “total y pleno desconocimiento de los comicios realizados el pasado 29 de noviembre”.

 

Bien por ellos y también por Leonel Fernández. El Lobo, a otra parte.