Los ruidos generados de diferentes fuentes y en distintos horarios del día y la noche preocupan a buena parte de la sociedad puertoplateña que nota la indiferencia de las autoridades llamadas a controlar la situación.
 
Confieso nuestro desconocimiento a si las leyes, o regulaciones municipales al respecto se encuentran obsoletas y por lo tanto sin algún valor jurídico para sancionar a los violadores de esas disposiciones.
 
No es raro observar el cruce de  vehículos con altoparlante y todo, con elevado volumen anunciando una fiesta, la compra de metales, la venta de chucherías, hasta de algunos productos “para la salud” para mejorar la próstata, los riñones, la vista y el “celebro”.
 
Nos dirán que eso es la democracia, que eso es la libre empresa con todo y que sea en menoscabo de la salud por las consecuencias negativas acarreadas.
 
La Dra. En Psicología Frances Roulet, Maestra de la Escuela de Graduados de UTESA sostiene que el exceso de ruido afecta considerablemente la salud, la salud auditiva y mental de las personas.
 
Es más, sostiene la educadora que el ruido del tráfico, generadores (plantas) eléctricas, música elevada, bocinazos…que en enfermos de alta presión, esos ruidos pueden hasta ocasionarle la muerte por infarto.
 
No es ocioso cuando algún ciudadano se queja por nuestros medios de comunicación y redes sociales de las molestias que les causa el alto volumen de la música en determinado lugar de diversión de la ciudad o en alguno de nuestros barrios.
 
Bueno es cuando alguno de estas “guagüitas o carros anunciadores” le da con estacionarse frente a su vivienda con el tililá a todo dar en el transcurso de las 12 a 2 de la tarde. ¡Ay de aquel mortal que tenga la delicadeza de solicitarle que baje el volumen!
 
Algunos amigos de Facebook nos dicen que en muchos países e islas de nuestro Caribe insular esta costumbre de las guagüitas anunciadoras está totalmente prohibida.
 
Pero ¿Realmente hay leyes, disposiciones, reglamentos, resoluciones municipales vigentes que prohíban la emisión de ruidos?
 
Si las hay, ¿Por qué las autoridades del ayuntamiento, Policía Nacional, Medio Ambiente y cualquier otra que pueda entrar en este campo se muestran tan miedosas a aplicarlas?
 
¿Con qué derecho puedo  estar a altas horas de la madrugada con una música en alto volumen solo porque estoy en mi casa? ¿Con qué derecho puedo estar celebrando un culto religioso con una música altísima hasta bien entrada la noche en desmedro de la tranquilidad de mis vecinos? ¿Con qué derecho puedo mantener mis parroquianos con una bulla y volumen con decibeles por encima de los  80 db hasta altas horas de la madrugada, solo porque estoy en mi negocio?
 
¿Con qué derecho puedo transitar en mi vehículo, motor o pasola con un ruido tal que “dispare” las alarmas de los vehículos al pasar?
 
¿Sabía usted que el ruido puede volver a la gente depresiva e irritable?