En vista de que esos sectores dominantes (principalmente el sector financiero) son los dueños de los medios de comunicación (radio, televisión y periódicos), las tronadas se han hecho sentir con fuerza por esos medios, que son los que fabrican la llamada “opinión pública”.
Pero resulta que si algo hay que criticar al gobierno en este asunto es el que no haya sometido la reforma tributaria mucho antes, puesto que hace ya mucho que el gobierno viene en déficit; que sus ingresos son menores que sus gastos; que ese déficit se ha estado solventando en parte con recortes del presupuesto, transferencias de fondos, emisión de deuda e inversión externa (recursos que tienen todos límites muy claros).
Al actual, y a todos los gobiernos, se le debe exigir transparencia, austeridad permanente y rigor al establecer las prioridades de desarrollo del país, pero nadie le puede reclamar que gobierne sin las recaudaciones necesarias para cumplir sus obligaciones; y esas recaudaciones provienen de los impuestos y nada más.
Sin impuestos no hay democracia, no hay desarrollo, no hay distribución de la riqueza, no hay manera de que el Estado vaya corrigiendo la inequidad consustancial al actual modelo económico y social. Lo demuestran los países más desarrollados de la Europa del norte en donde hay mucho más distribución de la riqueza, mucho más democracia y en los que se paga más impuestos, desde luego.
¿Y quiénes deben tributar? Todos y todas, indudablemente, pero sobretodo los que tienen más; los que más ganan; los grandes beneficiarios del modelo social y económico actual, algunos de los cuales (banqueros, por ejemplo) declaran cada año beneficios por miles de millones de pesos aunque el diablo de la crisis internacional nos esté llevando a todos los demás.
El gobierno—el actual y todos los por venir—debe darse las mañas necesarias para que las medidas fiscales no afecten los bolsillos y estómagos de los más pobres y todos los demás sectores de la sociedad deben aceptar que el mundo vive actualmente una de sus peores crisis económicas y que nadie saldrá ileso de ella y que ningún gobierno puede asumir sus costos a no ser que quiera estancar a su país y a su pueblo, que es probablemente lo que plantea la campaña irresponsable, oportunista y populista del PRD y los confundidos de siempre.
En España—es un solo ejemplo—las decisiones irresponsables del gobierno de recortar el gasto social y de inversión del Estado y lanzar sobre trabajadores, empleados y clases bajas de la sociedad el costo de la crisis ha llevado a la derrota humillante al partido gobernante (PSOE) en las elecciones regionales. Eso quisiera el populismo perredeista en nuestro país: que no haya reforma fiscal; que no se toque con el pétalo de una rosa a los privilegiados; que el gobierno reduzca al mínimo los programas sociales y la inversión para el desarrollo y que, de paso, sea derrotado en el 2012. Pero eso no ocurrirá.
Sólo la reforma tributaria puede sacar al país del desastre económico en que lo ha metido (junto a otros tantos países) el sistema económico injusto e irresponsable que comanda Estados Unidos; sólo esa reforma y las por venir puede prepararnos para mejores etapas de nuestro desarrollo.
Que nadie se engañe con las tronadas de los sectores dominantes y sus medios de propaganda.
Fuente:www.perspectivaciudadana.com