La memoria de un pasado incierto se despide nuestra razón y nos envuelve en una segunda vuelta en la parodia política que existe en la República Dominicana. El pueblo sumiso, en su ignorancia se entrega de brazos abiertos al mismo destino, sin importar el color que identifica al Partido Político mayoritario de turno, sigue siendo la ley conmutativa de la suma y resta, es decir, el orden de los factores no altera el producto.

 

Mi país sumergido en su presente, no hace memoria de su pasado y camina ciego de la mano a la historia de nunca terminar. Lo que es muy triste es saber que si el calendario marcara el año 2004, en este presente, el pueblo estaría convencido que la mejor opción política es Leonel Fernández Reina y el hablar de Hipólito Mejía sería hablar del mismo infierno.

 

La fecha marca el año 2004, y se les pregunta a los dominicanos si “Llegó Papá”, una respuesta unánime seria “Llegó el Demonio”. Un país que se indignó tanto porque el presente “presidente de la República Dominicana”, se expresaba como una cloaca pública en barrio, donde hay una sola letrina y que todo el Mundo conoció las atrocidades verbales de Hipólito que avergonzaron a cada uno de los ciudadanos de la nación dominicana.

 

Estoy seguro que si la fecha marcara el año 2004, el mencionar solo el nombre de Hipólito Mejía sería sinónimo de caos e indignación. “Hipólito no será jamás presidente del país” era el absoluto convencimiento de la nación, pero parece que esa frase se perdió en las sombras de un pasado oscuro y lleno de ignorancia. Esa realidad del “vuelve y vuelve” blanco está más cerca que nunca.

 

Por otro lado, el país, llorando la necesidad de un cambio de un hombre sin ética y educación por otro político lleno de un alto nivel intelectual y se perdió su historia de nunca acabar con Leonel Fernández. El mismo que representa la influencia del gran Maestro Juan Bosch y Gavino. En el año 2004, Leonel Fernández Reina es esa esperanza de salir del lacayo de Hipólito Mejia, para darle mejor sentido al presente del país.

 

“¡E’ pa’ lante que vamos!” el eco todavía hoy en 2011 después de dos períodos presidenciales y de chepa nos salvamos de un tercero, el sonido de esas palabras retumban en el cerebro de la población. Pero, hoy esas mismas palabras que representaban la esperaza y la salvación de la República Dominica, son las mismas que un país dolido repudia y aborrece.

 

Las mismas frases que se escuchaban en la población en el año 2004 se repiten en nuestro presente, “esto no lo aguanta nadie”, “hay que salir de este gobierno”, “es mejor tener un partido (blanco, o morado), para que se acuerde de nosotros”, “cuanta corrupción”, “este país esta lleno de delincuentes”, “¡ay! se fue la luz de nuevo, hay que sacar a esos ladrones de ahí”, “aquí nos está llevando el mismo diablo”.

 

Es la historia sin fin, esa que se repite cada cuatro años, donde no se vota por una mejor patria, sino que se vota con hambre, con ignorancia, con una fundita de comida de INESPRE, con una botella en una nomina estatal, con un pote de romo y dos mil pesos, para comprar tu soberanía, tu dignidad y respeto póstumo de cada dominicano. La República Dominicana se merece un voto con conciencia patriótica, con honestidad, con dignidad, con memoria política histórica, y con amor a la nación. La necesidad del presente del dominicano, le gana a la necesidad histórica del país. Estamos perdidos en un egoísmo colectivo que nubla la conciencia, el amor a la patria y las necesidades colectivas de la República Dominicana.

 

A mi me duele tanto mi país y me veo impotente ante la anarquía sublevada de una gran parte de la población. Todavía mas alarmante, que hombres y mujeres profesionales se sumergen en la fiebre política del momento, para hipotecar su voto al mejor postor. ¿A dónde llegaremos? La sociedad dominicana dentro de 20 años, descenderá en la escala evolutiva de la raza humana y reclamará las necesidades fundamentales para vivir, por ejemplo, la alimentación, el vestir e instinto de supervivencia del hombre prehistórico de la cavernas.

 

Lo peor es que no hay un dominicano que no esté conciente de nuestro presente, y prefiere aferrarse al círculo vicioso del pasado, para terminar donde mismo empezamos, desde la fundación de la República Dominicana con Pedro Santana, como el primer ladrón del gobierno.

 

Hermanas y hermanos de patria, el país nos necesita más que nunca, es hora de hacer, no de destruir, de aportar y no de dividir, de luchar y no de rendirnos, de amar la patria y no de vender nuestro presente. La República Dominicana necesita de cada uno de nosotros los buenos y verdaderos dominicanos. Ya llegó la hora de salvar la patria, y sólo será salva si hoy tenemos el tiempo de aportar y ayudar a que nuestro presente cambie, porque si no, ya no tendremos un futuro que esperar.


Fuente: www.almomento.net