Quién ha dicho que al ser humano en diferentes medidas o grados, no le gusta que le alaben, que le rindan pleitesía, que se le exalte, que se hable bien de él, que le rindan honores?
A qué ser humano no le agrada que se le recuerde tras su muerte con respeto y admiración?
La Historia está llena de relatos ya de reyes o faraones, emperadores, gobernantes, sacerdotes, Papas, políticos y militares que en su afán por perpetuarse en el tiempo han masacrado, abusado de centenares, miles de personas en la construcción de grandes edificaciones para que se les recuerde siempre.
Los ejemplos sobran. Están ahí. Aquí en nuestra América como en cualquier parte del mundo.
El ser humano cuando no puede realizar ese tipo de construcción, entonces recurre ¡A lo que sea!, con tal de tener en algún lugar de su vivienda, residencia, casa, casucha o rancho, un trofeo, una placa, un pergamino debidamente enmarcado, una medalla, un botón, una espada, una antorcha…!Cualquier cosa!
Muchos darían hasta sus vidas con tal de poseer una de esas cosas…Suelen cooperar con lo que sea y con la cantidad que sea, con tal de ser tomados en cuenta!
Conociendo esa debilidad humana se han organizado diferentes premiaciones desde los mismos albores de la humanidad, pasando por las Olimpíadas hasta nuestros días, con la enorme cantidad y variedad de premiaciones.
Unas justas y apropiadas, debido a que promueven la investigación, contribuyen al adelanto de la Ciencia y al buen accionar y otras en su mayoría, para satisfacer la vanidad humana.
Huelga mencionar nombres de las mismas porque reconozco que muchos de mis lectores estarán de acuerdo con nuestros planteamientos.
Tenemos premios en casi todos los órdenes y para toda obra humana. En el Cine, los deportes, la Ciencia, el Arte en sus múltiples manifestaciones. Premios de la Guerra y la Paz ,y para los mejores gobernantes.
Premios al mejor vestido y al mejor sombrero, al más viejo y al más feo, a la mujer más gorda y a la mujer de ojos más bellos. Para atender la demanda de ser reconocido, de ocupar primeros lugares, de pavonearse, de creernos importantes, atendiendo repito, esa necesidad o tendencia humana, -dicen que a un Presidente dominicano le encantaban las medallas y los reconocimientos- se crean concursos para premiar al mejor bailador, al que come más hormigas o más espaguetis o guineos, al mejor peinado…y hasta al más mentiroso.
Y se crean premiaciones para el o la más cooperadora, el o la mejor empresaria, el o la mejor inversionista, la o el mejor político, la empresa del siglo, el mejor orador…el filántropo de la década…ah la vanidad humana!
Y se nos pasa la vida siendo reacios a aceptar que el respeto y el honor no se compran.