Cuando las fuerzas del poder fáctico se unen para desviar la atención del pueblo hacia objetivos ideológicos prefabricados, hay que tener cuidado.
El poder fáctico se sirve de su autoridad informal o su capacidad de presión para influir políticamente, con el macabro propósito de crear las condiciones para poner a chocar sectores de la sociedad, en pos del objetivo trazado.
La sentencia del Tribunal Constitucional, que hoy es centro de un gran debate nacional se pretende llevar a una confrontación entre patriotas y nacionalistas contra antipatriotas y entreguistas.
Para ello han invocado el carácter irrevocable de la sentencia y movilizaron una parte de la población, a una concentración amparados por una supuesta Red Nacional por la Defensa de la Soberanía, donde nacionalistas de pacotilla y patrioteros de poca monta, utilizaron la tribuna para arengar a los asistentes con consignas alusivas al llamado de “muerte a los traidores”.
La intolerancia y el concepto que prima en este grupo es querer llevar este apoyo a la sentencia a una confrontación entre dominicanos, en el entendido que hay que homogenizar apoyos, condenando y satanizando la disensión-
Recuerdo los famosos mítines de Reafirmación Cristiana que patrocinó la Iglesia Católica y sectores recalcitrantes, contra el gobierno del profesor Juan Bosch en el año 1963. En septiembre de ese año, se produjo el golpe de Estado contra el gobierno constitucional elegido por el pueblo en diciembre de 1962, Ahí participaron encubiertos los poderes fácticos.
Igual sucedió en el año 1994, cuando el Dr. José Francisco Peña Gómez fue elegido como candidato del PRD a la Presidencia de la República, donde los sectores fácticos se movilizaron cuando palparon las posibilidades reales de que un negro de ascendencia haitiana, pero más dominicano que los que se les oponían, pudiese ocupar el solio presidencial. Toda clase de improperios y de llamados fueron hechos, donde estos mismos sectores pusieron sobre la picota la reacción del pueblo frente a una supuesta injerencia de Haití en nuestro país y enarbolaron la nacionalidad como un estandarte de lucha exhortando al pueblo a poner en sus vehículos la bandera dominicana; a las emisora a tocar el Himno Nacional a las 12 del mediodía y a otras barrabasadas más,
Así se comportan estos sectores para tratar de desviar la atención a los verdaderos problemas que están consumiendo al pueblo pobre y de clase media de este país con la falta de circulante, desempleo, mala calidad de los servicios de salud, inseguridad ciudadana, denuncias de corrupción cometidas por el pasado gobierno del Dr. Leonel Fernández; impunidad de sus funcionarios protegidos por este gobierno de Danilo Medina y tantos males que no han podido ser solucionados, donde entendemos se está creando un malestar que puede desembocar en un gran estallido social de magnitud impredecible y el contubernio es desviar la atención de la gente a una lucha fratricida inexistente potencializando la xenofobia y el antihaitianismo e invocando un nacionalismo añejo y recalcitrante pretendiendo con esto negar “que el nacimiento y la patria misma son cosas impuestas no elegidas”.