El método de dividir el presupuesto en fracciones porcentuales fijas solo sirve para evidenciar las fallas de las políticas públicas. Y no necesariamente la resolución de esas carencias.
Los países europeos acordaron, mediante resolución de La Unión, que ninguno de sus gobiernos podía traspasar el límite del 3% de déficit fiscal. Y nadie respetó la normativa hasta el estallido de la crisis financiera.
La clave de una asignación presupuestaria deberían ser los objetivos, metas y estrategias de una política pública, en un período determinado. La evaluación y control de los resultados de esa política proporcionarían los indicadores, que determinen los niveles de inversión y su focalización principal, en procura de la excelencia.
Por años hemos venido obviando el hecho evidente del deterioro de la educación nacional, acompañado por una pírrica inversión en el sector. Entre deterioro y baja inversión hay una sinergia a ojos vista. La política sectorial tendía a forzar la atención debida a la educación. Y no se hizo.
Para lograr ese objetivo ha sido necesaria la movilización ciudadana, que estaba ausente.
Ha renacido para bien del país. Pero para que sea efectiva, continua, debería seguir una lógica de ataque comprensivo.
Lo que no se hizo en décadas, no se recupera de un porrazo. Eso muestra, por ejemplo, la experiencia internacional con relación a los déficits públicos. Ningún país europeo ha podido, ahora y de un tirón, no ya eliminar el déficit público, sino tampoco alcanzar el límite del 3%, como lo exige la Unión Europea.
Es cierto que tenemos que modificar la forma en que estamos distribuyendo los fondos públicos en el presupuesto, para lograr una mejor asignación de los recursos, según un régimen de prioridades consensuado.
Se ha asignado un 3% a la educación nacional para el 2012, un nivel nunca alcanzado. Y los candidatos presidenciales se han comprometido a completar el 4% del PIB para la educación en el año 2013, una vez se obtenga la presidencia nacional.
Pero, sería bueno enfocar la atención ciudadana en el acomodo de más de RD$20,000 millones de pesos adicionales en el Plan Decenal de Educación, de manera que esos recursos impacten al sector adecuadamente, y no terminen en boñiga de los caminos.
Hay que atender, simultáneamente, los componentes cualitativos del proceso, como a los componentes cuantitativos.
La costumbre de asignar porcentajes del presupuesto a todo, bajo ley, sin control y evaluación estricta de las políticas a ejecutar, es un método dudoso, al menos.
De ser correcto, asignemos porcentajes a medio ambiente, agricultura, migración o al turismo. Y santa paz para todos.
Lo que necesitamos es una nueva cultura en el hacer y el pensar.
La finalidad no son los porcentajes, son los procesos y resultados eficaces. Aquellos dependen de estos.
Fuente: www.perspectivaciudadana.com