Para que dondequiera se improvisen un retén y un operativo policial y se ordene parar y registrar a cualquiera, como si estuviéramos en estado de guerra.

 

¿Qué pensará el turista que se topa con aquello en cualquier calle o carretera?

 

¿Qué va a decir a su país de origen ese o esa turista que se ve en medio de una situación semejante? Algo está muy mal desde hace mucho tiempo; algo que impide que  acabemos de salir de este Estado policial y entremos, ¡por fin!, en un verdadero Estado de derecho. Y el precio que estamos pagando es muy caro. Demasiado caro.

 

Un joven de 23 años recibió  un balazo en la cabeza cuando no quiso estacionar su vehículo donde le ordenaban dos agentes—un lugar oscuro—y decidió hacerlo donde estaba claro.

 

¿Qué es lo que permite que un agente policial actúe de esa forma? ¿Qué es lo que hace que todavía se justifiquen las redadas indiscriminadas contra los jóvenes de los barrios pobres?

 

¿Qué es lo que permite que un agente cualquiera sustituya las funciones de la AMET y se sienta con derecho a “pedir papeles”, a retener a la gente, para resolverlo todo, finalmente, con un “algo para los refrescos, comandante”? Que lo he vivido recientemente. Nadie me lo ha contado.

 

Algo está muy mal e impide que el trabajo científico, de inteligencia, de prevención e investigación sustituya al de represión.

 

El primero, el de inteligencia, el de investigación y prevención reales es de cuerpos policiales preparados; de  profesionales con altos conocimientos de su función y de su compromiso con la sociedad; el segundo, el de la vulgar represión, es propio de los tiempos del peor autoritarismo, que aún perviven. Y por ahí no debemos seguir.

 

Fuente: www.perspectivaciudadana.com