Se han jactado de haber alcanzado la capacidad de veto congresual, de conquistar una enorme cantidad de alcaldías y direcciones distritales, pero perciben o dan a entender a los incautos que no son parte “del poder”.

 

El poder, en su concepto, es la presidencia de la República, lo demás es lo demás. Y sucede que el eje central de la institución presidencial es una persona, a la que habremos de elegir. Por tanto, comparar, valorar, evaluar las actuaciones de gobierno y políticas, las ideas y discursos de los candidatos no es divertimento, sino obligación cívica.

 

La memoria en el venidero proceso electoral será fruta repulsiva. Algo, para algunos, que no debiera existir, que no debiera evocarse a los ojos y oídos de la población para que solo se canten los vicios y calamidades sociales. Unos vicios y calamidades sin historia. Y sin memoria que le dé vida en la conciencia popular.  

 

En ese contexto de la política lo conveniente para aquellos es hacerla, pero sin historia y sin memoria, otra vez. Y hablar de la pobreza, pero sin recordar al millón y medio sumado en el 2003-2004. Una pobreza sin historia, sin memoria, como recién nacida, y de paternidad ajena.

 

Danilo ha caminado bajo una lluvia de piedras, con un país lastrado por la pobreza dejada por su contendor actual y una crisis internacional que no cede terreno. Y con todo, crece su aprecio en la estima pública. Entre la incertidumbre y la confianza razonable ha de esperarse que este pueblo elija lo mejor, lo más conveniente.  

 

Fuente: www.perspectivaciudadana.com