A veces, uno se queda anonadado ante la repetición de hechos, asaltos y atracos que son cometidos con tanta precisión y disciplina, que hasta el más pendejo de los mortales si piensa alguna vez, lo atribuye a militares activos o que han pertenecido a algún cuerpo militar o policial.
 
Por lo general, son realizados contra bancas de apuestas, remesadoras, supermercados, farmacias,  empresas de envíos de valores o camiones que se emplean para transportar grandes sumas de dinero entre muchos otros objetivos.
 
Al describir el accionar de los actores en estas lides, testigos afirman que “actúan con mucha disciplina, tacto, coordinación y sangre fría”. Vestidos de negro o con uniforme militar o policial. Suelen llevar puesto, pasamontañas, o gorras y no pocas veces usan chalecos antibalas.
 
En este último deseamos detenernos un poco aunque sin profundizar demasiado. No somos buzos en aguas profundas ni turbulentas…
 
La imitación de ropa militar o parecida se consigue en cualquier tienda. Una camisa, chaleco, gorra, botas y esas cosas.
Ahora, lo que no se obtiene en tienda alguna ni en “pulgas” son los chalecos militares.
 
¿Es que se venden en algún rincón de un mercado? ¿Acaso en alguna tienda de “antigüedades” ubicada en la “parte atrás” en una de nuestras barriadas?
 
¿Estaría usted de acuerdo con nosotros en que a TODOS los chalecos existentes en el país se les colocara unas letras y número de gran tamaño y se posea un registro  fiable  de la persona a quien se le asignó?
 
Eso sí, con PINTURA INDELEBLE.