Al pasar el tiempo, 47 años de su muerte en las guerrillas de El Limón, Altamira, y a los 79 años de su nacimiento, su imagen,carácter, inteligencia, humildad y honestidad perduran en mi memoria como si fuera aquella noche fría de diciemebre (1963), cuando estuve en el cementeriro de la calle El Morro para decirle adiós a Guancho entre llantos y lágrimas que casi nos ahogan al entonar el Himno Nacional y las letras del canto a los héroes del Movimiento Revolucionario 14 de Junio.

 

No podría olvidar jamás aquel sonido peculiar de los carritos "cepillos" del Servicio de Inteligencia trujillista (SIM), que rondaban a altas horas de la noche nuestra casona de la Avenida Colón en la parte baja de la ciudad, en busca de nuestro Guancho, y destrozando los nervios de mamá Damiana.

 

No podría olvidar jamás los paseos a las playas Grande y Cafemba, donde mientras la muchachada se daba un baño de agua salada, Guancho y sus compañeros practicaban tiro al blanco con armas reales.

 

No podré olvidar jamás los preparativos de mamá para los fines de semanas en que había visitas a la cárcel "La 40", donde se encontraba Guancho sufriendo junto a otros las torturas de los criminales, las bestias despiadadas subalternos trujillistas.

 

Pero mucho menos podré olvidar la valentía y el coraje de un hombre -no importa que haya sido mi hermano- al guardar silencio, al no decir ni un nombre, ni una palabra, bajo choques eléctricos, latigazos, amenanzas de ahogo y uñas sacadas a sangre fría por los sucios guardias de "La 40"; para que Guancho hablara y dijera quiénes eran todos los otros catorcistas que estaban en el movimiento de Puerto Plata.

 

(Paradógicamente, muchos de esos hombres y mujeres a quienes Guancho nunca denunció, en el futuro vivieron felices, entre riquezas, bonanza, sirviéndose del banquete de la política y el poder, y nunca recordaron en su tumba al moreno que les salvó la vida y dio su sangre por un ideal patriótico.

 

Qué sin venguenza son aquellos "catorcistas" que surgieron después de la guerrilla de 1963 y se escondieron, mientras Polo Rodríguez y Guancho Escaño atendían al llamado de Manolo Tavárez justo y cumplían con su palabra empeñada de "patria o muerte...venceremos..."

 

Dios, con el paso del tiempo, pone todo en su lugar y ejerce su Justicia Divina; por eso, así como vosotros, la juventud de hoy, junto a los que fueron jóvenes en esa época, recuerdan el legado revolucionario de Las Manaclas, El Limón, Constanza, Maimón y Estero Hondo, en el sacrificio e inmolación de Polo, Guancho y demás, por la libertad, el respeto a la patria y a la Constitución de una verdadera República.


Diego. J. Escaño P.

New Jersey, USA